Mi hermano trabajó en el periódico en los años 90, con Faustino Alvarez de Director. Era un buen periódico. Tenía sus cosas, tragaba con lo que había que tragar para tener la publicidad necesaria e ir tirando, pero era un periódico a tener en cuenta. La proghez lo fue pervirtiendo y cuando marchó D. Faustino ya se vió que la cosa iba para mal. Estuvo a punto de desaparecer hasta que lo compró "Público" y eso fue, mas que la muerte que se le da al toro cuando no muere con la espada, el tiro en la nuca. Era un periódico muerto, hedía. Lo peor de un periódico no es que se venda o no, es que no se le tenga en cuenta ni para criticar su opinión. Eso le pasaba a "La Voz", para los asturianos pasó a ser un "panfletu" del que no importaba lo que dijese, nadie le tenía en cuenta.
Estoy muy contento de la desaparición de un panfleto que no serviría ni para darle el uso más indigno que puede dársele al papel. En una región de rojerío insoportable, su ausencia significará una agradable brisa de liberación.
Triste y lamentable noticia por este cierre, en él junto con El Comercio de Gijón, saliamos alguna vez que otra con el deporte, que practicabamos, el ciclismo, Vicente López Carril, el Catedratico, yo y otros muchos más.
Espero que este cierre sea de forma provisional y vuelvan a lucir pronto sus páginas.
Para lo que servía más vale que hubiera cerrado mucho antes. Se les acabaron las subvenciones de los socialistas y se les acabo la mamandurria, por sí solos no pueden mantenerse. RIP.
Visto el titular de la fotografía del periodico, tampoco se pierde nada. Sectario hasta las trancas como el propietario del panfleto. ¿ Así que Rajoy el culpable ?.
En cuatro meses. Contárselo a los trabajadores.
Desde hace ya bastantes años, ese períodico se había convertido en un pasquín extremista que ni los perros querían para defecar. Así, claro, los asturianos le dieron la espalda. RIP.
Una pena por los trabajadores.
Después de años de haber sido un periódico bastante decente se había vuelto algo realmente sectario. Los lectores en las cafeterías siempre pedían para leer cualquier cosa antes que el panfleto que había llegado a ser. Se veía venir.