Esto parece el "pito, pito, gorgorito". El domingo por la noche, Rodríguez Santiago no era consciente de haber pitado. El lunes a mediodía reconoció, en privado, que sí lo había hecho. El martes empezó a circular la versión de que el pitido había salido desde la grada, era por tanto un pitido anónimo. Más tarde especulamos con la posibilidad de que el árbitro hubiera pitado penalti de Sergio Ramos sobre Lopo, aplicando lo que solíamos conocer en la EGB como "penalti-gol es gol", una regla algo chusca. Y hoy leo que Rodríguez confesó a Arminio que había pitado gol. El modo en cómo alguien, sin aparentes dotes adivinatorias, pueda pitar gol antes de que éste se produzca es algo que deberán desvelarnos los hombres (y mujeres) del Comité Técnico de Arbitros. "Pito, pito, gorgorito".
Es cierto que la "impugnatiom interruptus" ha disfrazado durante las últimas cuarenta y ocho horas el lamentable juego del equipo, pero tampoco lo es menos que nadie en su sano juicio, ni siquiera el todopoderoso presidente de ACS, habría podido diseñar jamás una coartada tan endiablada como la de que un árbitro pitara algo y no supiera exactamente qué, por qué ni cómo. La pregunta que se deberán hacer los clubes profesionales de fútbol en el futuro es la siguiente: ¿Pueden dejar su negocio en manos de unos caballeros mudos, ciegos y sordos a todo lo que no suceda en las instalaciones de la Ciudad del Fútbol de las Rozas?... ¿No es lógico que alguien que haya invertido setenta millones de euros en contratar trabajadores para su empresa exija también un nivel mínimo de credibilidad a los demás?