En "Umberto Eco y el fútbol", (Editorial Gedisa, 2004) el profesor italiano de semiótica, conocido mundialmente por su novela "El nombre de la rosa", reconoce que a veces se divierte mucho leyendo las crónicas deportivas: "si tenemos que tragar con los espectáculos circenses, al menos que haya algún derramamiento de sangre". No existe, sin embargo, crónica deportiva conocida que haya alcanzado jamás el grado de acidez de un buen chiste, un chiste colocado en el momento justo. Federico Jiménez Losantos acaba de contarme, en "La Mañana" de la Cadena Cope, el último chiste que ya circula, imparable, por las zanjas de Madrid: "¿En qué se parecen el Real y el concurso de Eurovisión?... En que nunca gana Luxemburgo"... Contundente. Parafraseando al propio Eco, todo pareciera indicar que se ha dado formalmente el banderazo de salida al "derramamiento de sangre" popular.
Conozco algunos entrenadores de fútbol que aceptaron sin aparentes problemas el órdago que les lanzó la prensa, (Clemente o Toshack son, quizás, los ejemplos más reconocibles para todos) pero ninguno que soportara durante demasiado tiempo la humillación de la calle. Y en el caso del Real Madrid no existe una cosa peor para su técnico que le cuelguen el "sanbenito" de entrenador perdedor. Con Luxemburgo, además, se está siguiendo el manual a pies juntillas: ratificación en el cargo por parte de la junta directiva, aparición de las primeras quinielas de posibles candidatos a sustituirle (algunos de los cuales me dan más miedo que el cochero de Drácula) y, por fin, algo que nunca puede faltar en situaciones como ésta, la famosísima "cuenta atrás". En el caso de Vanderlei Luxemburgo dicha cuenta atrás parece que ha quedado rápidamente establecida en los tres próximos partidos.