Fabio Cannavaro intentó a la desesperada el jueves por la noche que la RAI no emitiera el vídeo en el que aparecía inyectándose un fármaco no prohibido, y este viernes ha manifestado sentirse "tranquilo", señalando que él no delinquió puesto que el "Neotón" no está en la lista de dopaje. Cannavaro, defensa del Juventus de Turín, internacional y capitán de la selección italiana, está tratando de salvar los muebles de la quema puesto que es plenamente consciente de que su imagen pública, idolatrada hasta el día de hoy, quedará relacionada para siempre a aquella lamentable tragicomedia del hotel Marriot de Moscú, un 11 de mayo del año 1999.
El fiscal jefe de Turín conoce mejor que nadie que el auténtico debate no es entre "legalidad" e "ilegalidad". Raffaele Guariniello está investigando la muerte prematura de al menos cuatrocientos futbolistas de las series A y B, y setenta de esos fallecimientos se debieron a cáncer, leucemia y Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa del sistema nervioso que se conoce como el "mal de Gehrig", puesto que el mítico jugador de béisbol de los Yankees murió debido a ella. Por poner sólo dos ejemplos muy gráficos: en febrero del año pasado, Lauro Minghelli, de 31 años y ex jugador del Torino y del Arezzo, fallecía por el ELA. Diez meses más tarde lo hacía Gianluca Signorini, ex futbolista del Génova. Queda claro, pues, que el auténtico debate no es la legalidad de tal o cual fármaco sino las consecuencias que pueda conllevar para la salud de cualquier deportista profesional el consumo habitual de algunos medicamentos.
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