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La ONCE, otra vez

Ayer se quedaron en lista de espera dos asuntos y, como hoy no hay nada, los recuperamos. El primero trata de la ONCE. El Confidencial volvía sobre la senda abierta hace unos meses por el mensual Capital: “La Once toma por ilusos a los compradores del cupón: en 15 sorteos (de 26 celebrados) de abril no tocó el primer premio”, titulaba. Los eslóganes los carga el diablo. “Lo mismo ha ocurrido durante todo 2003 y buena parte del 2002”, y se aseguraba que se había comprobado. Las cifras con las que había sido agraciada la Organización se situaban entre 40 y 50 mil millones. Ellos arguyen que cumplen con la ley y dedican casi el 50% a premios.

La acusación es esta: ¿incurre en prácticas fraudulentas mediante la edición de muchos más cupones de los que ponen a la venta, aumentando así las posibilidades de que el agraciado sea el dueño de la rifa? Y daba algún ejemplo: Los domingos, cuando se venden en torno a dos millones de cupones se editan cinco.

Vuelve hoy sobre el tema y acusa, retóricamente, al ministro de Trabajo, que preside el protectorado de la ONCE, de pasividad ante sus denuncias. Contradice luego algunas de las respuestas de la organización y da otros ejemplos de meses en los que ha ocurrido lo mismo. También aparece, más adelante, Miguel Durán, líder de PUEDO (Plataforma Unitaria de Encuentro para la Democratización de la ONCE), que en febrero denunció ante el ministerio la existencia de esas prácticas sin control. Las elecciones de la Organización se celebran dentro de dos semanas y entre unos y otros se acusan de esto y lo otro. Haría bien el ministerio en aclarar las cosas, en ofrecer más confianza a todos los ilusos que, de cuando en cuando, renunciamos a ahorrar un euro para dárselo a ellos. Lo que no termina de inflamar nuestro celo investigador es que al frente de la alternativa a los actuales mandamases, acusados una y otra vez de abusos, esté Miguel Durán, excasitodo. Nos falta amnesia.

Otro asunto menor, marginal y froterizo es el de Hispanidad. Así se llama el veterano sitio de Eulogio López, un periodista económico que ha pasado por muchas redacciones –la última vez que vimos su firma fue en la socialista El Siglo–, que conserva buenas fuentes sobre algunos asuntos económicos, con frecuencia de escaso interés general, y cuya especialidad es alancear con saña a quienes le niegan sus favores. Su ideario fundamental en lo económico es el intervencionismo inspirado por la virtud, formulado como sospecha sistemática del mercado, y la defensa por encima de todo de los puestos de trabajo, muy especialmente en el sector bancario. En lo político, Hispanidad es, fundamentalmente, anti-PP y partidario, se diría, de un ideario confesional católico, acaso minoritario, pero estricto, sin concesiones. Durante algún tiempo promovía una plataforma de católicos en la política, más tarde ofreció en sus páginas un vínculo a la Comunión Tradicionalista Carlista. Desde que apareció, ha volcado su apoyo a la causa de Familia y Vida, un grupúsculo cuyo ideario se limita a su nombre y que trabaja con la vista puesta en el futuro y en lo transnacional: “lo de Familia y Vida es una carrera de fondo. Hoy, como estructura, no es nadie. En diez años, no más, se convertirá en una internacional.” Ayer tocaba el día de los mandobles y arremetía contra quienes se permiten dudar de las virtudes políticas de su formación favorita, por el momento. ¿Terminarán desapareciendo los chismes económicos de Hispanidad? Hace tiempo que carecen de la intensidad que aplica a los dogmáticos.


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