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Cuba o la respuesta fatal

Toda Cuba es una prisión comunista desde hace seis décadas. Una prisión con vistas al mar en la que la mitad de los cubanos delata a la otra mitad.

Toda Cuba es una prisión comunista desde hace seis décadas. Una prisión con vistas al mar en la que la mitad de los cubanos delata a la otra mitad.
Manifestaciones en La Habana | EFE

De pronto, Cuba. Como si fuera algo nuevo. Como si no llevaran seis décadas, seis, de un infierno que algunos siguen llamando "revolución" porque a ellos no les quita la vida. Lo de ahora es por una nueva oleada de represión… más bien porque nos hemos enterado de ella. Desde luego que Cuba no es una dictadura. Es toda ella una prisión. Pero ese no es el problema principal.

Wikipedia dice esta basura:

Fidel Alejandro Castro Ruz, más conocido como Fidel Castro, fue un abogado, militar, político y revolucionario marxista cubano. Fue mandatario de su país como primer ministro y presidente después de su victoria en la revolución cubana contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Lógicamente, si buscamos a Franco, tan de moda en España que sigue inspirando modernas leyes del PSOE en 2021, la Wikipedia dice así.

Francisco Franco Bahamonde fue un militar y dictador español, integrante del grupo de altos cargos de la cúpula militar que dio el golpe de Estado de 1936 contra el Gobierno democrático de la Segunda República, dando lugar a la guerra civil española.

Sencillo, sin adornos. Y Wikipedia es para la mayoría de los jóvenes, gracias al fracaso educativo, la gran chuleta oficial con la que se hacen "trabajos" de clase o apuestas de patio. 'Mira, chaval: el dictador era Batista y luego Franco, pero no Castro, que no te enteras'. Para poder ser antifa, la Wiki exige bien poco.

Ya ha dicho un Bardem, el que hizo comedias en lo peor de la pandemia, que él es "moralmente superior" a cualquiera de derechas. Tanto que sería la élite en Cuba, con la familia del "abogado, militar y revolucionario marxista". Allí la superioridad moral permite hacer muchas cosas en Kilo 8, en Camagüey, o en Taco Taco o en cualquiera de los cientos de prisiones que encierran a más de 100.000 personas o lo que quede de ellas.

Porque toda Cuba es una prisión comunista desde hace seis décadas. Una prisión con vistas al mar en la que la mitad de los cubanos delata a la otra mitad porque el poder habano sabe a quién pagar y a quién quitar. No es normal que lleven 62 años así pero, de vez en cuando, como ahora, el juguete cubano se pone de nuevo a funcionar para que los líderes políticos pongan a prueba su nivel de perversión.

Unos días y ya está, sin grandes reportajes sobre una posible "primavera americana" que rechace el virus comunista en Venezuela, Cuba, Nicaragua, Perú, Bolivia, quizá en Chile y ya veremos en Colombia, Brasil… Sin llamadas a buques humanitarios que aguarden para rescatar a los cubanos que salen de la isla agarrados a la cámara de una rueda y con repelente de tiburones como única esperanza. Dirán que el bloqueo yanqui ahoga al mejor sistema sanitario y educativo del mundo pero no preguntarán a los cubanos, muertos de sueño, si es verdad eso de que ningún cubano se acuesta sin comer.

Y junto al apenas graciosillo Bardem también sería élite caribeña la propia Carmen Calvo. Otra cosa es que consiguiera convencer a jineteras y pingueros de que es mejor ser funcionario que andar por el malecón. O Irene Montero, que sería la mismísima jet revolucionaria, pero no le consentirían mucha charla de autodeterminación sexual, a juzgar por los consejos de Ernesto Che Guevara —que siguen observándose— sobre el trabajo forzado que haría "hombres nuevos" a los "pervertidos sexuales". No es manía exclusiva del Che; desde luego no se puede acusar a Fidel Castro de esconder la doctrina al respecto:

"Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permita considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero comunista. Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista".

Se lo dijo el "abogado, militar, político… revolucionario marxista y mandatario", o sea Fidel Castro, al periodista Lee Lockwood, que lo publicó en el libro Castro’s Cuba, en 1965. Seguro que le habría encantado estar allí a Irene, que tanto amor ha profesado siempre a sus "Comandantes".

¿Que los ministros del PSOE y de Podemos niegan que Cuba sea dictadura o buscan sinónimos infantiles? "Que se vayan a vivir allí", ha dicho Pablo Casado en esRadio, con Federico Jiménez Losantos. Pues una y mil veces no, ¡lo que les faltaba a los cubanos! Más élites comunistas. No enviemos más comunistas al Parque Temático del comunismo.

Ya sólo falta que también giren visita los socios del Gobierno, los golpistas catalanes, para decir allí, en algunas de las muchísimas cárceles, que ellos también son "presos políticos". Sí ha estado acertado Casado cuando ha dicho que "lo importante es que la Unión Europea recupere la posición común que se perdió después del gobierno del PP del año 96". Lo que no sé es si existe esa Europa o ya ha entrado en lo más profundo del sueño que terminará en coma. Europa tiene un miedo atroz al comunismo pero en vez de combatirlo, lo mima. Europa y muchos europeos creen, efectivamente, que el apenas graciosillo Bardem es superior. Y ese es el verdadero mal, el no hacer nada bien contra el comunismo.

Rosa Díez, también en el programa de Federico, ha pedido al PP, a Vox y a Ciudadanos que organicen una visita formal a la isla porque "no podemos limitarnos a ver un vídeo y decir pobre gente", que es exactamente lo que se hace. Pero claro, los políticos hacen cuentas y dicen que no sirve de nada, que no conseguirían entrar, que alzarán la voz todo lo que puedan pero respetando el fin de semana, que a lo mejor hay empresas españolas que no quieren tanta alharaca democrática, que toman nota… Y así envejeció y murió Fidel, traspasó poderes a Raúl y presentaron a Díaz-Canel, que no suelta el yugo.

Pues claro que hay que intervenir en Cuba, como en Venezuela, que ha sido la pensión gratuita del comunismo cubano y mundial durante muchos años gracias al petróleo. Ya ni eso, ni con riqueza renuncian a provocar hambre. Dejemos de exigir a la izquierda que califique a Cuba o a Venezuela de dictaduras porque lógicamente no lo creen y no sirve para nada. El problema es que entre los que sí consideran a Cuba o Venezuela dictaduras no se hace nada más que eso, decirlo. El siguiente paso da pereza o miedo. Y si se diera, las cosas cambiarían mucho.

La izquierda española, la europea, la mundial se hacen cada vez más procomunistas porque la derecha —ay, los complejos de no ser comunista— ha renunciado a defender la libertad en casi todas partes.

Hay una completísima agenda preparada para salvar al mundo y las élites salvadoras son multimillonarios comunistas, maldita redundancia. Alguno de ellos está a punto de decir la verdad incuestionable, una verdad protegida legalmente contra la crítica, y cuando eso suceda ya no importará la pregunta sino la respuesta: ¿Es Cuba una dictadura? Sí, qué pasa.

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