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LIBERTAD RELIGIOSA

Proteccionismo, libertad, marginación y religión

En 1933, al poco de aprobarse la ley llamada de Confesiones y Congregaciones religiosas, Unamuno publicó un artículo titulado Enseñanza religiosa laica. En el mismo, se mostraba contrario a la citada ley, que traía consigo la marginación de los religiosos en el campo de la enseñanza, y la calificaba de antiliberal y anticultura. Esta norma legal incidía en la tendencia que había abierto el artículo 26 de la Constitución deutero-republicana, también muy criticado por Unamuno en ese mismo escrito y en otros.

En 1933, al poco de aprobarse la ley llamada de Confesiones y Congregaciones religiosas, Unamuno publicó un artículo titulado Enseñanza religiosa laica. En el mismo, se mostraba contrario a la citada ley, que traía consigo la marginación de los religiosos en el campo de la enseñanza, y la calificaba de antiliberal y anticultura. Esta norma legal incidía en la tendencia que había abierto el artículo 26 de la Constitución deutero-republicana, también muy criticado por Unamuno en ese mismo escrito y en otros.
Miguel de Unamuno

Este desgraciadamente famoso artículo puso en situación de libertad vigilada a la religión, dado que la separación entre Iglesia y Estado que establecía dicha constitución lo hacía a costa de la libertad religiosa ya que, aunque no era prohibida, era fuertemente restringida. La mentalidad que informaba a aquellas Cortes constituyentes entendía la religión, muy especialmente la Iglesia Católica, como algo perni­cioso para la sociedad. Por ello, la religión, en realidad, era algo tolerado, soportado, consentido, pero con cortapisas y serias limitaciones, que tendrían posteriormente su desarrollo le­gislativo y también un incremento de comportamientos sociales pirómanos, liberticidas e incluso homicidas o "cericidas", pues una de las peores cosas que le podían pasar a uno era que lo clasificaran entre los que olían a cera.

La Constitución promulgada en 1931 entendía la aconfesionalidad del Estado de una forma beligerante, en ella había tolerancia a lo religioso, pero no se respetaba y, cuando no se respeta a alguien, las consecuencias suelen acabar siendo amargas. Lo que en nuestra Constitución se dice al respecto es muy distinto. En el texto de 1978, la religión no solamente no aparece como algo malo que hubiera que tolerar momentáneamente y a regañadientes, en espera de una sociedad más madura donde no hubiera primitivos lastres del pasado, sino que, por el contrario, considera que la libertad religiosa es algo tan positivo que incluso establece que los poderes públicos deben cooperar con las distintas confesiones religiosas para que los ciudadanos puedan ejercer plenamente su libertad religiosa.

Constitución EspañolaPero una cosa es la constitución promulgada y otra la constitución fáctica, es decir, la que de hecho se vive y tiene vigencia, aunque no coincida con ningún texto legal escrito. Para comprender esto basta comparar lo que se dice en nuestra Constitución sobre la nación, el derecho a la vida, la libertad de enseñanza, la lengua, la separación de poderes, etc. y lo que de hecho se vive. En lo que a la li­bertad religiosa respecta, se va creando poco a poco una mentalidad, con el soporte de potentes medios de comunicación, muy cercana a la deutero-republicana, con lo que, sin necesidad de cambiar ninguna norma, se va consiguiendo marginar de hecho lo religioso, muy especial­mente lo católico. Pero afortunadamente prometen que, de momento, tolerarán a la Iglesia Católica vía financiación, lo cual es de agradecer, si a uno lo han convencido previamente de que eso de la religión es algo malo y fascistoide o, por lo menos, anticuado.

Pero en el susomentado texto, Unamuno, al criticar aquella ley, no caía en el movimiento pendular de irse al otro extremo. "Durante siglos –decía- la Iglesia Católica de España ha vegetado, sometida al Estado y durmiendo bajo su protección. O mejor, dominio". En cuestión de libertad religiosa, no es buena la marginación, pero tampoco lo es el proteccionismo. Éste siempre trae consigo ineficacia, merma de la calidad y crea unas inercias de pasividad muy fuertes. La libertad lleva consigo el que no se puede esperar que las cosas vengan dadas desde arriba, uno tiene que esforzarse personalmente por ello: la mejor forma de con­servar un derecho es ejercerlo con publicidad y abiertamente. Quien quiere la libertad no debe ni automarginarse ni pretender el proteccionismo. El cristianismo es religión de libertad, por eso, su espacio natural está precisamente ahí. La libertad obliga a quien la quiere a la afirmación de la propia identidad ante los demás y esto supone decir que sí y también decir que no, con independencia de lo que puedan decir los medios de comunicación. El reto es duro y nadie va a regalar nada.
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