
Este desgraciadamente famoso artículo puso en situación de libertad vigilada a la religión, dado que la separación entre Iglesia y Estado que establecía dicha constitución lo hacía a costa de la libertad religiosa ya que, aunque no era prohibida, era fuertemente restringida. La mentalidad que informaba a aquellas Cortes constituyentes entendía la religión, muy especialmente la Iglesia Católica, como algo pernicioso para la sociedad. Por ello, la religión, en realidad, era algo tolerado, soportado, consentido, pero con cortapisas y serias limitaciones, que tendrían posteriormente su desarrollo legislativo y también un incremento de comportamientos sociales pirómanos, liberticidas e incluso homicidas o "cericidas", pues una de las peores cosas que le podían pasar a uno era que lo clasificaran entre los que olían a cera.
La Constitución promulgada en 1931 entendía la aconfesionalidad del Estado de una forma beligerante, en ella había tolerancia a lo religioso, pero no se respetaba y, cuando no se respeta a alguien, las consecuencias suelen acabar siendo amargas. Lo que en nuestra Constitución se dice al respecto es muy distinto. En el texto de 1978, la religión no solamente no aparece como algo malo que hubiera que tolerar momentáneamente y a regañadientes, en espera de una sociedad más madura donde no hubiera primitivos lastres del pasado, sino que, por el contrario, considera que la libertad religiosa es algo tan positivo que incluso establece que los poderes públicos deben cooperar con las distintas confesiones religiosas para que los ciudadanos puedan ejercer plenamente su libertad religiosa.
Pero una cosa es la constitución promulgada y otra la constitución fáctica, es decir, la que de hecho se vive y tiene vigencia, aunque no coincida con ningún texto legal escrito. Para comprender esto basta comparar lo que se dice en nuestra Constitución sobre la nación, el derecho a la vida, la libertad de enseñanza, la lengua, la separación de poderes, etc. y lo que de hecho se vive. En lo que a la libertad religiosa respecta, se va creando poco a poco una mentalidad, con el soporte de potentes medios de comunicación, muy cercana a la deutero-republicana, con lo que, sin necesidad de cambiar ninguna norma, se va consiguiendo marginar de hecho lo religioso, muy especialmente lo católico. Pero afortunadamente prometen que, de momento, tolerarán a la Iglesia Católica vía financiación, lo cual es de agradecer, si a uno lo han convencido previamente de que eso de la religión es algo malo y fascistoide o, por lo menos, anticuado.