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Cuando el Rey Midas es Gadafi

La codicia del "artisteo" y de la cultura se queda corta frente a los intereses de las naciones democráticas que han estado dispuestas a mantener relaciones comerciales y diplomáticas con Libia con tal de que no les cortaran el suministro de crudo.

Durante décadas Muamar Gadafi, como una suerte de Rey Midas malvado, convertía en petrodólares todo lo que tocaba. Aunque a lo largo de su gobierno de mano dura fue incapaz de generar prosperidad, tuvo la bendición natural de contar con petróleo. Sin el menor recato, su clan se ha enriquecido manejando a su antojo los fondos de la empresa estatal que exporta crudo al mundo.

Gadafi es un tiranuelo asesino y delirante cuyas raquíticas ideas están plasmadas en un indescifrable Libro Verde que todavía agita en alocuciones patéticas mientras se aferra al poder matando. Ahora, cuarenta y dos años después del desastre que ha sido su desgobierno terrorista, resulta vergonzoso el gesto de quienes muestran sorpresa como si la venda se les hubiese caído de los ojos de un día para otro. Este siniestro personaje, que en su día Ronald Reagan acertadamente definió como un "perro loco", sistemáticamente ha violado los derechos humanos y mientras pudo financió la multinacional del terrorismo. Aunque ya se sabía y había pruebas, hoy los ministros que huyen en desbandada al desmoronarse el régimen afirman sin rubor que su patrón estaba al frente de la masacre de Lockerbie. Más que verde, su panfleto ideológico ha sido un libro abierto de horrores que han instalado en la pobreza y el atraso a varias generaciones de libios.

Pero si los acólitos y cómplices de Gadafi escapan como ratas de un barco que naufraga, también los artistas, e incluso instituciones prestigiosas, se han visto salpicados por el fangal de los petrodólares manchados de sangre. Por lo pronto tres famosas cantantes, Beyonce, Mariah Carey y Nelly Furtado, se han apresurado a aclarar que donarán la buena paga que recibieron por cantarles a miembros de la familia Gafadi en conciertos privados. Una de ellas, la talentosa Carey, ha afirmado que desconocía el currículum criminal de sus generosos clientes. Una excusa poco creíble viniendo de figuras que tienen a su servicio una corte de relaciones públicas cuya labor es, precisamente, la de cuidar su imagen.

Lo que ocurre es que el dinero contante y fácil es mucha tentación hasta para los millonarios intérpretes de la música pop. Si no hubiese estallado la cruenta guerra civil que se está librando en Libia, seguramente ni Beyonce, ni la Furtado ni la desinformada Mariah Carey habrían tenido reparos en actuar frente a cualquiera por un millón de dólares. De toda esta embarazosa situación se han beneficiado las instituciones y países necesitados que recibirán como donación el botín de los que este trío ahora quiere deshacerse con premura y tardío sonrojo.

Más vergüenza y escarnio es el que siente Howard Davies, director de la prestigiosa London School of Economics (LSE), que se ha visto obligado a dimitir al salir a la luz los vínculos de su institución con los Gadafi. Uno de los hijos del dictador y quien se perfilaba como su sucesor, Said el Islam, estudió en la LSE y allí fue tratado con benevolencia a cambio de donaciones millonarias que su familia hizo. Davies llegó a viajar a Libia para asesorar al Gobierno en cómo invertir los fondos que generaban sus explotaciones petrolíferas; y cuando hubo dudas sobre un posible plagio de la tesis de Said el Islam, la rigurosa y selectiva LSE miró hacia otro lado. En estos momentos la universidad hace lo imposible por reparar su dañada reputación.

La codicia del "artisteo" y de la cultura se queda corta frente a los intereses de las naciones democráticas que han estado dispuestas a mantener relaciones comerciales y diplomáticas con Libia con tal de que no les cortaran el suministro de crudo o para, cínicamente, tenerlo como aliado y no como enemigo. Hasta la víspera de la rebelión popular en Trípoli y Bengasa, empresas de la Unión Europea han operado allí sujetas a los chantajes de Gadafi. Y fue gracias al impulso del Gobierno de George W. Bush cuando en 2004 la ONU le levantó las sanciones económicas a esta satrapía que está a punto de colapsar.

Nunca se puede salir bien parado si convivimos con un perro demente y rabioso. Es una lección para todos. Todo lo que el señor Gadafi ha tocado está teñido de rojo.

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