Tenía la esperanza de poder contar en este blog y en términos claros nuestro futuro en la radio, pero hasta yo debería haberme dado cuenta de que esperar cumplir las previsiones es superstición típica de la adolescencia intelectual, con la zozobra y el acné. Tres mil comentarios es, efectivamente, una marca excesiva como para no llegar por esperar demasiado. Así que cuando haya novedades, lo sabrán. Serán los primeros, como ya sucedió cuando el lío se deslió para pasmo y perplejidad de muchos, entre los que, por una vez, no me cuento.
Voy pues al asunto que prima en el debate del blog, que es el de la gente preocupada por qué lista votar o qué hacer ante la urna, incluyendo el deslizar por la ranura una loncha de mortadela, que fue la solución que encontró el cabreo bonaerense para canalizar su asco por la casta política. Vaya por delante que, además de no muy higiénica, tal vez incluso epidémica, me parece un castigo injusto a los interventores y contadores de papeletas, válidas o nulas o guarras. Pero nos sirve para demostrar que el voto nulo y en blanco, vencedores en la capital argentina, que es media república, no hicieron sino abaratar la victoria peronista, que con menos votos consiguieron más escaños. Entiendo no votar, allí o aquí, por razones éticas y estéticas. Lo que no comprendo es que alguno se empeñe y se indigne conmigo y se encampane y profiera un centón de atrocidades por decir que el voto nulo, en blanco e incluso la abstención no afectan lo más mínimo a una casta política que hace tiempo que dejó de preocuparse por las apariencias y sólo vive por y para el disfrute del Poder, incluyendo en ese Poder a la Oposición, que también debería serlo. En España, por las alcaldías y taifas repartidas entre PP y PSOE, además, lo es.
Naturalmente, cada cual hará lo que le parezca bien, sólo faltaría, pero yo he contado la experiencia de 1986, con el referéndum sobre la OTAN, que era "de entrada, no" y fue "de salida, menos", en el que buena parte del centro-derecha optó por la abstención. Yo dije en la mañana del lunes que aquello fue un error. Que fue la última ocasión para haber desalojado a Felipe González y evitarnos todo lo que vino después. ¿Por qué el error? Por perder de vista que siempre se vota contra algo, antes que a favor de alguien. Y en las elecciones europeas el voto de castigo aún tiene más sentido. El único sentido.
Hay gente que vota contra el PP y vota PSOE, y viceversa. Ni afectará a Rajoy el resultado –que sin duda le será favorable, como atestiguan todas las encuestas– ni a Zapatero, que pondrá un par de películas después de las elecciones y sanseacabó. No creerá nadie que ZP y Mariano están preocupados por el varapalo moral del voto nulo o en blanco. Si los votos nulos los tuviera que leer Mariano, todavía tendríamos el placer de la agresión incruenta, pero ni siquiera será interventor. Y aunque lo fuera, ¿ustedes creen que el autor de fechorías como las padecidas por María San Gil o Luis Herrero, amén de los votantes traicionados del PP, va a conmoverse por una frase arrojadiza? ¡Vamos, hombre!
El voto en blanco es el más pulcro y respetuoso con las instituciones representativas, pero me parece un esfuerzo innecesario. Sobre todo, insisto, en las europeas. Hay dos votos de castigo al PSOE: IU y UPyD. Y dos, al menos, al rajoyismo gallardonoso: UPyD o alguno de los grupos a la derecha del PP fletados por Julio Ariza, el yerno de Blas Piñar u otros de mejor condición, aunque minoritarios. Sinceramente, tras la almoneda de Ciudadanos, no creo que alguien identificado con el liberalismo y España como nación tenga más alternativa que R10, que hasta defiende la energía nuclear, pero respeto la presunción de culpabilidad, porque en el caso de los políticos siempre está justificada. En todo caso, hoy por hoy, es lo único que EMHO se opone a la liquidación de la nación española y el régimen constitucional. Si fuera otro el liderazgo y el ejemplo del PP, yo lo votaría como he hecho desde que llegó Aznar a la jefatura de la Derecha, casi veinte años ya. Hoy el PP es el mecanismo básico de legitimación del PSOE y del cambio de régimen, uno de cuyos peajes, por cierto, ha sido la liquidación de la COPE. Entiendo que a algunos les puede dar igual. A mí, no.