La conmemoración de la Fiesta Nacional ha sido utilizada por los más señalados líderes de la izquierda populista para tratar de ultrajar a España deformando su historia. Los representantes de la extrema izquierda han dedicado la jornada a tratar de denigrar a su país manipulando burdamente su pasado, en la más rancia tradición izquierdista. Odian a España y este lunes se encargaron de que no quedara la menor duda.
Se podrá aducir que los menosprecios de la alcaldesa de Barcelona o el primer edil de Cádiz, el bochornoso Kichi, son las típicas astracanadas de unos sujetos con muy merecida fama de impresentables. Sus arremetidas contra España, su historia y la gesta del Descubrimiento de América revelan una ignorancia atroz, pero también ponen de manifiesto una de las señas de identidad de buena parte de la izquierda: la fobia a lo español.
La cobardía de la derecha política a la hora de reivindicar la Nación española y su historia ha contribuido a que la izquierda haga estos repulsivos despliegues de ignorancia. La ocupación izquierdista del terreno cultural, mediático y educativo ha conseguido que enarbolar una bandera de España sea considerado como un gesto fascista, mientras que cantar las glorias del comunismo, la aberrante ideología de los cien millones de muertos, sigue pasando por progresista, igual que el despliegue de toda la parafernalia de los hiperreaccionarios nacionalismos catalán, gallego y vasco.
Como en el resto del mundo, la Fiesta Nacional es un día especialmente adecuado para el ejercicio del mejor patriotismo, que indudablemente pasa por reivindicar las mejores páginas del pasado y por renovar el compromiso con el presente. Por desgracia, personajes como Ada Colau, el denominado Kichi o el niño mimado de los ayatolás iraníes y la Cubazuela bolivariana no permiten que en España las cosas sean así. La culpa es suya y del resto de la izquierda, que o calla u otorga pero jamás les afea su conducta miserable.