
En una situación normal, en un país normal me atrevería a decir, el futuro de un político concreto o de un partido me sería completamente indiferente. ¿Qué la derecha decide quemar sus opciones electorales a lo bonzo por estupidez, incapacidad o la razón que sea? No hay ningún problema: otro partido u otro político vendrán a llenar ese hueco, representar a esa masa de ciudadanos y llevarse esos votos.
Por desgracia España ha dejado de ser un país normal -al menos en el contexto europeo con el que debemos compararnos- y desde luego no vive una situación normal: con un Gobierno desastroso y liberticida y unos socios de gobierno cuya mayor aspiración es destruir la nación, con una crisis económica gravísima y un contexto internacional complicadísimo.
Así que la alternativa de poder real a ese desastre mayúsculo tiene ciertas obligaciones y ciertas urgencias: España no puede esperar otra legislatura a que el centro derecha se reconstruya o a que un grupo de idiotas deje de liderar la fuerza política con más opciones de desalojar a Sánchez de Moncloa. Es una lástima, desde luego, porque están demostrando que no se merecen el poder, pero aún merecemos menos los españoles tener a Sánchez desmontando el Estado de Derecho, hundiendo la economía y dando pasitos -¡o saltos!- a un nuevo régimen que sería un desastre.
Pero de seguir así, Casado, Teodoro y la camarilla de inútiles redomados que les rodea va a acabar suicidándose políticamente. No sé si por pura imbecilidad, si por maldad o si porque aunque todavía no se han convocado las elecciones ellos ya se ven ganadores y se comportan como si tuviesen una mayoría absoluta. Sea lo que se sea, se equivocan, la guerra que quieren desatar contra Díaz Ayuso sólo puede tener dos finales: o la presidenta de Madrid acaba siendo también presidenta del PP en Madrid y, ahí sí, desarrollando ambiciones que ha dicho mil veces que no tiene, o todo el partido vuela por los aires en una nueva humillación electoral.
Los dos escenarios acaban con Casado, Teodoro y su pandilla de esbirros fuera de la política, antes o después, pero sobre todo acaban con Sánchez una temporada más en Moncloa. Y eso es algo que España no puede permitirse.
Señor Casado, usted no tiene derecho a suicidarse políticamente y, menos aún, a inmolar su partido en la guerra interna más estúpida que han visto los siglos. Deje de hacer el idiota, deje de escuchar a los idiotas si es que ese es el problema, acepte que Díaz Ayuso es más simpática y tiene más carisma que usted y aprovéchese de ello, conviértala en lo que naturalmente es: un estandarte de su proyecto. Deje de hacer oposición a la oposición, en suma, y hágasela al peor gobierno del último medio siglo.
Señor Casado, de verdad, a mí su futuro como presidente del PP e incluso el de su partido me resultan indiferentes, pero no puede hacerle esto a España, tiene usted una responsabilidad, así que actúe de una puñetera vez como un político responsable.
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