La boda del torero José María Manzanares y Rocío Escalona no tiene nada que envidiar a la de Rafael Medina. Se dice que las comparaciones son odiosas, pero la gran diferencia entre una y otra es, en primer lugar, que en esta última a los novios se les pudo ver en todo momento, no como en la otra que bien escondidos estuvieron para cobrar la exclusiva.
El diestro no ha querido bajo ningún concepto vender su boda. Atendió de buena gana a los medios, hicieron declaraciones, estuvieron espléndidos. Menudos hijos van a tener con esos padres tan guapos.
La boda comenzó sobre las 12 del mediodía. Después de la ceremonia religiosa que se celebró en la iglesia de Nuestra Señora de Gracia en Alicante, los invitados se trasladaron a un hotel, el Asian Garden en Benidorm, donde se celebró el almuerzo nupcial.
Me comentan que todo estuvo perfecto y que tanto los invitados como los novios lo pasaron muy bien. Un día que pudo haber sido mucho más feliz si el padre del novio, el maestro Manzanares, hubiera asistido al menos a ver casar a su hijo aunque no se hubiera quedado a la comida, pero no fue así. Hubo varios motivos. Por una parte, su padre se encuentra hospitalizado y optó por quedarse en él, pero el otro es la inexistente relación que hay entre ellos.
Por desgracia este no ha sido el único borrón que ocurrió ese día, ya que el torero Javier Conde y la cantante Estrella Morente dieron la nota discordante protagonizando una bochornosa discusión a altas horas de la madrugada en el mismo hotel donde se celebró el enlace y donde muchos invitados estaban hospedados.
Tales eran los gritos que se tuvo que personar la Guardia Civil. Por ese motivo, las especulaciones se han disparado y se ha llegado a insinuar que hasta hubo agresiones.
Para aclarar los hechos se han visto obligados a tener que hacer declaraciones para desmentir rumores como consecuencia del escándalo que protagonizaron. En resumidas cuentas, una "mala pata" que ha enturbiado la boda de un amigo y compañero.
Me imagino que tanto Javier como Estrella estarán abochornados por el "numerete" y habrán pedido disculpas a los novios como poco. Tomar una copa de más en una boda no tiene importancia y una discusión de matrimonio tampoco; el problema es la repercusión mediática que eso lleva consigo.