
La propuesta de Feijóo a Sánchez es sensata, respetable y sobre todo legítima. La igualdad de todos los españoles es su objetivo primordial. Por encima de las "identidades" territoriales o de origen y cosas de ese tenor antidemocrático están la democracia y la Constitución. La defensa y protección de la libertad e igualdad ante la ley de todos los españoles son los ejes básicos de la propuesta del aspirante a ser investido presidente del Gobierno. Ha estado bien argumentada por Feijóo en la rueda de prensa posterior al encuentro, donde incluso ha llegado a decir que no tendría inconveniente en conformar un gobierno de gran coalición con el PSOE. Terminar con la política de bloques para regenerar la democracia es el estro último de la intervención de Feijóo.
La singularidad del planteamiento de Feijóo está a la vista de todos. Se diría que su novedad reside en recoger la voluntad democrática expresada por la mayoría de los votantes del PSOE y PP, a saber, el 94 % que suman los sufragios conseguidos por los dos partidos no pueden estar determinados por el 6% de los partidos separatistas. No es menester abundar sobre la respuesta negativa que ha recibido ese planteamiento. Se descalifica ella sola por el tono insensato, irrespetuoso y, a todas luces, ilegítimo por la falta de razonamiento que ha exhibido la señora Alegría, que hablaba en nombre de Sánchez. Toda esa escenificación era, sin duda alguna, previsible. Y, sin embargo, tengo la sensación de que han cambiado algunas cosas con respecto a otros procesos de investiduras fallidas en el pasado. He tenido un pálpito, una aleve corazonada, al escuchar a Feijóo hablar del momento histórico por el que pasa España, que hablaría antes a favor de la grandeza de este político que de sus miserias.
Creo que ante el acoso separatista de destrucción del Estado de Derecho, en verdad, de la Nación y el régimen democrático del 78, Feijóo estaría dispuesto a otras cesiones al PSOE. Lejos del resentimiento, ha brillado la generosidad. Por eso, a pesar de la negativa de Sánchez, cegado por el poder y el canto de sirenas separatistas y comunistas, insiste en que seguirá intentándolo. El aspirante a la presidencia del Gobierno, independientemente de los errores que haya cometido en la pasada campaña electoral, quiere ir al fondo de una cuestión clave del ser humano que, dicho sea en honor a la verdad, en la mayoría de las naciones europeas, libres y democráticas, ni siquiera se plantea como una cuestión a discutir, aunque está lejos de estar resuelta. Me refiero a la libertad de autodeterminación de las personas. He tenido, en efecto, la sensación de que Feijóo al hablar de igualdad de todos los españoles estaba defendiendo que cada cual pueda ser lo que es en la sociedad de la que forma parte.
Feijóo estaba defendiendo, sí, la sagrada libertad de autodeterminación de los españoles. O sea que nadie sea discriminado por su lugar de nacimiento ni por sus principios y, naturalmente, que nadie disfrute de ventajas desleales por su mero origen, sus convicciones y modos de pensar. Esto es, en efecto, lo que está en juego en esta investidura: la libertad de autodeterminación de la persona. Esto, la libertad, que vivimos como un derecho humano cotidiano, algo obvio, es lo que está en peligro en este proceso de investidura. No se trata sólo del Gobierno de la Nación y del fin del Régimen democrático de la Transición, sino de la muerte de la convivencia nacional y la libertad de autodeterminación. ¡Quien pacte con los separatistas, sí, está matando la libertad de los españoles! ¿Llegaría la generosidad de Feijóo hasta la abstención en una supuesta investidura de Sánchez por la libertad de los españoles?
