Bien por Cospedal y, bien sobre todo, porque nos ha dado a conocer a los delincuentes anteriores. Ahora solo esperamos que nos de nombres y cantidades que han trincado los socialistas y que, el Fiscal General del Estado aparezca por ahí para entablillar al ladrón- ¿Será porsible esta última acción del fiscal socislista?. Segiro que no, porque él también está en la tabla.
Cuando el año pasado J. L. R. Zapatero segó el salario de los funcionarios y las pensiones de millones de españoles ninguno de estos colectivos incendió la vida pública de nuestro país con su natural frustración y enfado, cuando tenían para hacerlo una capacidad que sería la envidia de la jauría de Sol. Si no castigaron al país con una respuesta semejante fue porque, de un modo u otro, sabían que el zarpazo era necesario. ¿Cómo es posible que una fracción tan significativa de la sociedad española gozara de un conocimiento exacto sobre la complicada situación económica de España?
En realidad, muchos de esos ciudadanos carecían de tal información. Es patriotismo. Es el músculo oculto del país, la misma voluntad secular y subterránea que sobrevive embates secesionistas o eslóganes izquierdistas como el reciente «yo soy antiespañol». Sed optimistas. Una fuerza semejante es provechosa para tres fines constantes en la historia: desarrollar el país, aplastar a un enemigo extranjero y finalmente, los más creativos ya lo han adivinado, el tiranicidio.
Esta es la dirección apropiada y cuando lleguen a la Administración Central, si no han destruido todas las pruebas, y a pesar de ello, esa será la postura necesaria de austeridad del PP.
Lo que no se comprende es que sindicatos y organismos varios no clamen contra ese expolio de España. Más bien al contrario dernuncian y organizan manifestaciones para que no se arregle nada y se siga camino del abismo.
La esquizofrenia se ha apoderado de los poderes y todo es ya irreal, lo contrario de lo que son las políticas: Eta al las instituciones, los antisitema de izquierda radical protegidos y la policía perseguida.
En una tertulia televisiva he escuchado a un periodista -creo que escribe en El País-, cuando el tema que se debatía era el recorte de la de Cospedal, que, como el principal problema en su demarcación, era el paro, sus primeras medidas de gobierno deberían haber ido en ese sentido. Me he imaginado a un paciente con una fractura de fémur abierta y, además, aquejado con un cáncer, pedirle al médico que primero se ocupara de lo más grave: el cáncer. Sería una petición absurda, que a nadie se le ocurriría, aunque tal vez sí al referido periodista. Claro está que después de arreglar lo del muslo el buen médico se ocuparía del tratamiento del cáncer. Si el símil vale, Cospedal ha hecho, de momento, lo correcto. Estoy confiado en que, en la medida de sus fuerzas, se ocupará, a su tiempo, de lo otro.