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El diario árabe Khaleej Times recoge en sus páginas la proeza del atleta estadounidense Tom Johnson, capaz de vencer a un caballo montado por Jennifer Nice en una carrera de resistencia de 80 kilómetros. Mientras que Al Barraq (nombre del equino en cuestión) tuvo que ser sometido en dos ocasiones a pruebas veterinarias obligatorias, Tommy recorrió la distancia de un tirón, en 5 horas y 45 minutos, superando en sólo 10 segundos a su rival. Una pica yankee en el desierto. La prueba palpable de la superioridad del hombre sobre la bestia. Si Al Barraq fuera un elefante, jamás podría regresar con su manada tras tamaña afrenta. Si Al Barraq poseyera la suficiente memoria, no regresaría jamás con la yeguada. Si Al Barraq fuera un caballo japonés se haría el seppuku, y a otra cosa mariposa. Aunque si Al Barraq fuera un poco "orteguiano", y tuviera la capacidad de reflexionar sobre las extrañas circunstancias que le rodean, se preguntaría: "¿Qué narices hace este tío echándome una carrera con este calor?"...

No hay una respuesta clara a la pregunta que cualquier caballo sensato se haría, salvo la de la permanente insatisfacción humana. Queremos lo que no tenemos, y cuando lo obtenemos queremos más, y más, y un poquito más. El deporte, a través de sus múltiples expresiones, supone un remanso de paz para la raza humana. ¿Sabían ustedes que Willie Thorne logró una serie de 147 carámbolas en el Tennent's Uk Open celebrado en Preston, Lacanshire (Inglaterra) el 17 de noviembre de 1987? ¿O que Walter Stolle acumuló 643.700 kilómetros en un recorrido en bicicleta, y que llegó a visitar 159 países partiendo de Romford, Essex (Inglaterra)? ¿Conocían que Eddie Hill alcanzó, con un dragster con motor de pistón, una velocidad de 464,65 km/h? Fue en Florida, el 18 de marzo de 1988, y se conservan fotografías de aquella extraordinaria y desconocida hazaña.

¿A santo de qué Tom Johnson se pone a echarle una carrera a un caballo en los Emiratos Arabes Unidos? Su machada viene publicada, de refilón, en el Khaleej Times y, si pudiera pensar, le sorprendería al mismísimo caballo. Será la naturaleza humana. Aquella que te incita a competir contra la máquina Deep Blue, si resulta que eres el campeón de ajedrez y te llamas Gari Kasparov, o la que te empuja a correr durante más tiempo que el animal más potente, si sucede que eres el hombre más resistente del mundo. En plena melé de la Liga de fútbol, no crean que no supone también una suerte de heroicidad periodística dedicarles unas líneas a los héroes anónimos Willie Thorne, Walter Stolle y Eddie Hill.

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