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Septiembre es un buen mes para conseguir goles redondos vistiendo camiseta del Real Madrid. Miguel Muñoz logró el primero en la Copa de Europa, y posteriormente, también en septiembre, Ferenc Puskas consiguió el gol doscientos y Carlos Alonso Santillana el cuatrocientos. Salvo Sebastián Losada, que marcó el quinientos y que, aunque decían que iba para "crack", se quedó en medianía, la lista de goles merengues históricos la completan otros tres futbolistas que pasarán a la historia en mayor o menor medida: Alfredo di Stéfano, que marcó de cabeza el gol número cien, lo hizo por la puerta grande. José Martínez "Pirri", que obtuvo el trescientos, y Fernando Hierro, autor del gol número seiscientos, también tendrán un hueco en el álbum del centenario.

He de reconocer que no sabía dónde situar la "y" al titular este artículo. "Y setecientos" podría originar una equivocación puesto que el Real Madrid, seguro, llegará al ochocientos, novecientos, mil... Quizás tendría que haberlo titulado "Setecientos y...", pero el gol que marcó anoche Raúl tiene una significación especial. Será, salvo que a los jugadores les entre una fiebre goleadora antes del 6 de marzo, el último gol redondo antes de la celebración del centenario. Y siguiendo la estela de magia que envuelve a este club, lo marcó una de sus figuras emblemáticas, y en el mes de septiembre. Otra muesca en el cinturón de Raúl González Blanco.

No diré nunca que "el siete" madridista sea una bicoca para los medios de comunicación, más bien al contrario: resulta esquivo y poco accesible. Tampoco cometeré la temeridad de aventurar que sea demasiado querido en su propio vestuario. De lo que no cabe la menor duda es que, tanto los periodistas como los futbolistas, respetan a Raúl. Es una "megaestrella" o un Ferrari, como dijo en su día Hierro, voraz y ambicioso como él sólo, llamado a convertirse en uno de los tres futbolistas más importantes de la historia madridista.

En esa lista oficiosa "del uno al setecientos" no aparecen Gento, Butragueño, Hugo Sánchez, Juanito ni, por razones obvias, Zamora. Ellos lo merecerían también, pero la suerte parece estar reservada para unos pocos. Sabiendo cómo es Raúl, no me extrañaría lo más mínimo que estuviera pensando ya en cómo lograr el gol ochocientos para convertirse, así, en el primer jugador en conseguirlo. Apostaría por él, conociendo como conozco su "estrella".

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