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Chirac contras los Verdes

Es la segunda vez, en pocos meses, que el Presidente Chirac da una estupenda bofetada simbólica, o lección política, al gobierno socialcomunista, y muy concretamente, en ambos casos, a los Verdes. La primera fue su tajante intervención para que, al fin, se prohibieran de verdad las mortíferas harinas animales en la alimentación del vacuno, lo que cambió radicalmente las cosas. Claro, la mayoría gubernamental le insultó profusamente, pero le obedeció. En su discurso del 3 de mayo, en Orleáns, dio su lección magistral sobre “ecología humanista”, que ha levantado ampollas.

Los Verdes se consideran propietarios de la ecología, y se valen de esa propiedad imaginaria para no hacer absolutamente nada, están tan indignados que no alcanzan a insultar, sofocan, les amenaza el infarto y la crisis de nervios. Analizando, brevemente, el discurso del Presidente, hay que reconocer que tiene mucho de sentido común, y algo de demagogia.

Por ejemplo, dice que el desarrollo de los productos transgénicos no debe prohibirse, pero sí someterse a análisis científicos. Pues ya están realizados, señor Presidente, y no son nada negativos. La energía nuclear también merece un debate serio, sin olvidar: “todo lo que debemos a la energía nuclear. En Francia participa de nuestros esfuerzos para limitar la emisión de gases con “efecto invernadero”, y contribuye ampliamente a nuestra menor dependencia energética”. Por lo tanto, ni hablar de polución total, como en Alemania. Cuando declara que las instituciones y la sociedad en su conjunto, deben preocuparse del medio ambiente, precisa: “Hacienda también debe dedicar recursos a la ecología. Esto no quiere decir aumentar los impuestos, al revés, hay que disminuirlos”. Y ¡zás! En las narices de Dominique Voynet, en ardua polémica con Laurent Fabius, que quiere suprimir la ecotasa. En cuanto a la creación de una “Organización Mundial del Medio Ambiente”, según el modelo de la OMS, o sea “onusiana”, yo francamente soy muy escéptico. Más funcionarios internacionales parásitos, cuando ya sobran.

Un escándalo muy serio es el ocasionado por el libro, recién publicado, “Servicios Especiales. Argelia 1955/1957”, en el que el general Paul Aussaresses, relata cómo, siendo entonces capitán, asesinaba y torturaba a granel, a combatientes, reales o supuestos, del FLN argelino. Con un cinismo impresionante se justifica (apenas, ya que parecen entusiasmarle esas acciones bestiales), o en todo caso da dos argumentos para situar su acción: los de enfrente, el FLN, hacían lo mismo, y él y sus compañeros obedecían las ordenes de las autoridades políticas y concretamente de Mitterrand, ministro de Interior, luego de Justicia y de Max Lejeune y Robert Lacoste, socialistas ambos, y responsables franceses de la represión en Argelia.

Además del carácter vomitivo del testimonio de este oficial torturador y asesino, lo que más molesta hoy, a la clase política y a los medios informativos, es que rompe con la leyenda que ha logrado imponerse desde la escuela hasta la televisión, según la cual la izquierda estuvo en contra de la guerra de Argelia, y la derecha a favor. Una vez más esta división simplista es falsa. ¿Dónde está el escándalo real: en la tortura o en su relato?

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