A uno le están entrando dudas sobre la inteligencia y eficacia de los jueces franceses en los asuntos de corrupción política. No es que las altas instancias del poder judicial estén sometidas, como ocurre en España, a un partido y a un grupo politicomediático, pero en varias ocasiones han resultado demasiado torpes, como en el caso del proceso a Robert Hue, líder del PCF, acusado de corrupción, con pruebas evidentes, pero anulado por “vicios de forma”.
Algo parecido se vislumbra en el sumario contra Jean-Christophe Mitterrand, el millonario hombre de negocios Pierre Falcone (aún detenido) y varios más. Lo digo también porque el juicio contra Roland Dumas que comienza hoy parece ridículo. Se le acusa de haber recibido regalos de su ex amante Christine Deviers-Joncour (estuvo encarcelada preventivamente). Si las amantes no pueden hacernos regalos, ¿adónde vamos? Se trataría de unos botines de lujo, unas estatuillas helénicas y una cantidad de dinero en efectivo, cuya cuantía no se conoce exactamente. Un abogado tan hábil como el propio Roland Dumas, no debería tener demasiadas dificultades para rechazar tan endebles acusaciones.
Pero detrás de éste proceso, y de otros, aún sin jugar, se perfila la sombra mafiosa de la petrolera estatal ELF (hoy privatizada y absorbida por Total), que fue, con el Crédit Lyonnais, una de las manos negras de la corrupción, privada y política, durante el largo “reinado” de Mitterrand, probablemente el más podrido de la historia de Francia. Desde luego, ELF está sentada en el banquillo, con su ex presidente Loîc Pringent (asimismo preventivamente encarcelado unos meses), André Tarallo, ex presidente de ELF-Gabón, el “señor África” de la compañía petrolera, y otros. Sin ser jurista, uno se pregunta ¿por qué no un proceso global y a fondo de las actividades corruptas y corruptoras de la petrolera, en vez de perder el tiempo con zapatos caros? Como Lord Byron, Dumas cojea, pero es lo único que tienen en común.
La carrera del brillante abogado que fue Roland Dumas, tiene aspectos siniestros. Con motivo de este proceso, la prensa publica extensas biografías del ex abogado, ex diputado, ex ministro, ex presidente del Consejo Constitucional, que fue amigo y colaborador de Mitterrand. Pero nadie recuerda que durante años fue el representante jurídico del coronel Gadafi, encargado de todos sus negocios, en Francia y otros países, y eso en el periodo en el que Gadafi ejercía de jefe de terroristas, que cometían sangrientos atentados, también contra Francia. Pues ni una palabra. Solo Stéphane Denis, nuevo y brillante colaborador de “Le Figaro”, alude a su papel en las negociaciones secretas entre el presidente Mitterrand y el delirante dictador libio. Nos hubiera gustado saber más. Puede que todo ello fuera “legal”, pero resulta asqueroso.
Además, en este proceso, en el que, por lo visto, no se va a tratar a fondo de los asuntos nauseabundos de ELF, el hombre clave, el de las operaciones sucias, de las mordidas millonarias, quien utilizó a Christine Deviers-Joncour, la cual, después de un brillante periodo de suculenta “demi-mondaine”, está resultando ser una víctima, pero que también utilizó en ciertas ocasiones al ministro Dumas, y, claro, a muchos más, éste Stavisky de la posmodernidad, dirían los cursis, Alfred Sirven, se sigue escapando de la policía. Se dice que se esconde en Filipinas, pero a lo mejor está en Caracas, brindando con otro humanista, Hugo Chávez.
Se prevé que el proceso Dumas y Cía dure tres semanas, ya tendremos ocasión de volver sobre el tema.

Los elegantes botines del señor Dumas
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