Henrique Catanha ha tardado diecisiete días en ser convocado por Camacho para el equipo nacional. El 12 de septiembre obtenía la nacionalidad española, y a las primeras de cambio el seleccionador ha recurrido al "cangrejo" para que le arregle el gol. Será el jugador cincuenta y nueve llamado por Camacho en sus dos años como máximo responsable de nuestro fútbol.
Curioso "cangrejo" éste que lejos de ir hacia atrás va lanzado hacia
adelante como si del monoplaza de Schumacker se tratara. No en vano, hace dieciocho años Catanha (que tenía por entonces diez) esperaba en Recife a que arrancara el autobús para engancharse a la parte trasera. No tenía dinero para comprar el billete, y se veía obligado a viajar de tan peculiar manera como si fuera la "estela plateada". Lo hacía por necesidad ya que no tenía otra forma de llegar al entrenamiento. Catanha fue chico de los recados y según reconoce él mismo pasó hambre. Hoy el futbolista cuya cláusula de rescisión de contrato cuesta 3.000 millones de pesetas aconseja
a su hijo Pedrito: "No te acostumbres porque un día lo tienes todo, y al siguiente no tienes nada".
Catanha toma ahora en la selección el relevo de Pizzi, el último jugador nacionalizado que jugó con España, y de Donato, el otro jugador oriundo de Brasil, que se despidió de la selección española en el Campeonato de Europa disputado en 1996. No extraña a nadie. En tres encuentros ha marcado tres goles, y Camacho busca con desesperación alguien que culmine las jugadas.
Henrique celebra cada uno de sus goles aleteando los brazos. Parece como si fuera a volar en cualquier momento. Si no lo ha hecho ya. Y uno se alegra de que un "sufridor" que cambió a la selección brasileña por la española, eche a volar. Habrá que ir pensando seriamente en cambiarle el apelativo, porque
de "cangrejo" nada de nada.

Camacho y el cangrejo
En Deportes
0
comentarios
Servicios
- Radarbot
- Curso
- Inversión
- Securitas
- Buena Vida
- Reloj Durcal