Ariel Sigler Amaya fue condenado a veinte años de prisión en 2003, en un juicio sumarísimo en el que se le imputó como contrarrevolucionario. El que fuera presidente del Movimiento Independiente Opción Alternativa, ingresó en la prisión de Canaleta, Provincia de Ciego de Ávila, en un estado saludable, fruto de su dedicación al boxeo y las artes marciales.
Ahora, después de haber sido trasladado tres veces de prisión, los familiares denuncian el trato sufrido por Amaya. Su hermano, Juan Francisco Sigler Amaya afirma que sufre una larga lista de enfermedades como " tiene invalidez de las extremidades inferiores. Todavía en estos momentos los médicos dicen no saber por qué esto ha ocurrido. En sus declaraciones son imprecisos y se contradicen, Han tratado de engañarnos y de dilatar que recibamos la información".
"Lo vimos con muy mal color, pálido, todos los huesos de la cara saliéndosele, los pellejos de los brazos colgándole, eso era para romperle el corazón a cualquiera. Se levantó la camisa de preso y Ariel tiene todos los huesos afuera, Ariel esta seco completamente", denuncian sus familiares.
El caso se suma a la larga lista de denuncias de palizas en las cárceles cubanas que acumula el régimen del dictador Castro. Cuba es el único país americano que niega el acceso a sus prisiones al Comité Internacional de la Cruz Roja, y la escasa información que sale de las cárceles castristas evidencia unas condiciones infrahumanas: falta de higiene, escasos y malos alimentos, falta de espacio, abusos e incomunicación.