
La Comisión Europea ha tenido que tranquilizar al mercado energético porque las reservas de gas necesarias para afrontar el invierno están más bajas que otros años y los precios de la luz y el combustible siguen disparados. De hecho, por primera vez en mucho tiempo, este verano España ha tenido que gastar gas almacenado, cuando normalmente esta época se utiliza precisamente para acumular combustible de cara a los meses fríos. A pesar de todo, Bruselas insiste en que no hay riesgo de desabastecimiento.
La situación es excepcional: las olas de calor han disparado el consumo de gas para alimentar los ventiladores y los aires acondicionados; la producción de gas natural licuado (GNL) de Catar continúa paralizada; competimos con todos los países europeos que ya no compran gas a Rusia y los buques metaneros se venden al mejor postor en pleno bloqueo del estrecho de Ormuz.
En este contexto, Europa encara la recta final de la campaña de almacenamiento antes del invierno y, al cierre de agosto, los almacenes subterráneos de la Unión Europea estaban al 65,4% de su capacidad, con unos 740 TWh almacenados, según datos de Gas Infrastructure Europe (GIE) recogidos por EFE. Es un nivel inferior al habitual para estas fechas.
España, con un 73,5%, se encuentra por encima de la media comunitaria, aunque también llega a estas alturas del año con menos gas almacenado que en ejercicios anteriores. Sin embargo, la cifra tiene truco porque nuestros almacenes son más pequeños comparados con los de otros países, así que los llenamos antes, pero en términos absolutos tenemos menos gas que nuestros vecinos.
La cuestión es que el gas que se extrae de los almacenes durante el verano deja de estar disponible para afrontar un pico de demanda durante el invierno, salvo que pueda reponerse posteriormente. Y este año reponer las reservas no está resultando sencillo. En resumen: tenemos menos gas almacenado, un mercado internacional más caro y una carrera contrarreloj para llegar al invierno con un colchón suficiente.
Pico de demanda
Además, este verano se ha producido un fuerte incremento de la demanda de gas para producir electricidad. Enagás señala que durante el primer semestre del año el consumo de gas destinado a generación eléctrica aumentó un 10,6%, mientras que la demanda total creció un 0,4%.
En julio, la demanda nacional de gas aumentó otro 8,4% interanual, según los datos de Enagás citados por EFE, impulsada precisamente por el sector eléctrico. El calor extremo obligó a utilizar más aire acondicionado y elevó la demanda de electricidad, aumentando a su vez la necesidad de recurrir a las centrales de gas.
Pese a todo, España cuenta con una importante ventaja. Tenemos una de las mayores capacidades de regasificación de Europa y podemos recibir gas natural licuado por barco desde numerosos mercados. Según Enagás, durante el primer semestre España recibió gas procedente de 13 países diferentes, sin depender de ningún suministro procedente del golfo Pérsico.
Además, Argelia continúa siendo el principal proveedor de gas de España. En julio concentró el 41,7% del gas recibido por el país, con más de 10.700 GWh suministrados entre gasoducto y GNL.
No hay riesgo de desabastecimiento
Con este escenario sobre la mesa, la Comisión Europea reunió el pasado jueves al Grupo de Coordinación del Gas. Su conclusión fue tranquilizadora: no existe un riesgo inmediato para la seguridad del suministro de gas de la UE a las puertas del invierno.
Bruselas admite que los niveles de almacenamiento son inferiores a los de años anteriores, pero considera que Europa está mejor preparada que en la crisis de 2021 y 2022 gracias a la diversificación de proveedores. También descarta, de momento, aplicar medidas intervencionistas.
El mensaje tranquilizador, sin embargo, viene acompañado de una advertencia: la situación requiere una vigilancia estrecha debido a la incertidumbre geopolítica, el parón en la producción de GNL de Catar y la volatilidad en los precios.

