
La izquierda ha decidido utilizar el problema de la vivienda como una de sus principales armas políticas. Acusando a los fondos de inversión, los pisos turísticos o los denominados grandes tenedores, la izquierda política y mediática trata de tirar de sentimentalismo y demagogia para convencer a los ciudadanos de que la solución de la actual situación pasa por un mayor control gubernamental sobre este mercado.
El problema es que, por lo general, desde estas coordenadas ideológicas no se suele mantener la coherencia cuando los problemas señalados afectan a uno mismo. En estos casos, sucede en numerosas ocasiones que, en lugar de actuar conforme a sus ideales, estas personas recurren a aquellas alternativas que previamente denunciaban como injusticias.
Precisamente, cuando hablamos de vivienda, el izquierdismo no duda en apoyar a los okupas e inquiokupas, denunciando una supuesta situación de indefensión y necesidad que se derivaría del abuso de los poderes y adinerados. Este es el caso del actor Daniel Guzmán, quien fue condenado por lesionar a unos okupas que tenía en su casa. Sin embargo, de una reciente entrevista concedida en El País se deriva que, según el actor, su actuación estaba justificada.
Hipocresía con la vivienda
En este sentido, en un momento dado de la entrevista el periodista pregunta a Guzmán por la condena de 600 euros que le fue impuesta por causar lesiones a unos okupas. Concretamente, el actor fue condenado en 2024 por un delito leve de lesiones por echar a unos okupas de su casa de forma violenta. En el caso de una persona que, como el actor, se dedica a señalar a los inversores y los denominados grandes tenedores de los problemas del mercado de la vivienda, esto supone principalmente una contradicción.
Sin embargo, en la entrevista al periódico del Grupo Prisa, el actor trata de excusarse y se presenta a sí mismo como un benefactor desinteresado. "Era una casa que tengo para reformar para que la use mi madre, no es mi tercera ni mi cuarta vivienda", señala al respecto. Así, incide en que "entré con mi llave y les saqué las mochilas a la calle", admitiendo que "hubo forcejeo".
Ahora bien, desde su propio punto de vista, en este caso Guzmán actuó con benevolencia y magnanimidad puesto que, de acuerdo con sus palabras, no quiso recurrir la condena para no perjudicar a los okupas. "Acepté la condena y no recurrí porque me enfrenté a un dilema: si lo hacía, y aportaba otras pruebas, podía perjudicar más a esos chavales", defiende, añadiendo que "sé lo que hice, sé lo que pasó y no me tengo que explicar con nadie".
Con todo, hace pocos meses Guzmán fue protagonista de una auténtica lección de hipocresía en el programa de David Broncano hablando de vivienda. Durante la entrevista para el programa de Broncano, el actor presentó una película titulada La deuda, donde, según detalló, el cineasta quiso hablar sobre "la especulación, la gente a la que desahucian y tal".
Encontrar vivienda en España, el thriller más crudo que hay.
O comer o tener casa, las dos cosas no van a poder ser. #LaRevuelta pic.twitter.com/m2ucYMUW7N
— La Revuelta (@LaRevuelta_TVE) October 14, 2025
Guzmán explicó el punto de partida de la historia que relata la película: el protagonista, Lucas, convive con una mujer mayor llamada Antonia en un edificio que acaba siendo adquirido por un fondo de inversión con la intención de transformarlo en apartamentos turísticos.
Así las cosas, la conversación derivó en la clásica retahíla de argumentos de la izquierda sobre la situación del mercado del alquiler en Madrid. De este modo, Broncano mencionó el caso de pisos de reducidas dimensiones, mientras que Guzmán puntualizó que esas cifras, en muchos casos, corresponden únicamente al alquiler de una habitación. Ambos comentaron el peso que ese gasto supone para quienes perciben el SMI y finalmente quisieron ironizar sobre las dificultades para acceder a una vivienda. "Si ya tienes casa, para qué quieres comer", bromeó el actor durante la entrevista.


