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Las otras cifras del conflicto de Mali: amputaciones, flagelaciones y lapidaciones

Desde que los radicales islámicos tomaran el control del norte del país, los civiles malienses sufren continúas violaciones de los derechos humanos. 

Desde que los radicales islámicos tomaran el control del norte del país, los civiles malienses sufren continúas violaciones de los derechos humanos. 
Alhader Ag Mahamoud, una de las víctimas de las amputaciones en un acto de Amnistía Internacional en septiembre. | Cordon Press

Con la operación militar en curso, la actualidad deja poco espacio para hablar de las otras cifras del conflicto de Mali. Las que, lejos de la jerga política o militar, documentan el conflicto humano de este país del Sahel hasta hace poco considerado ejemplo de nación democrática del África Occidental. Desde que hace nueve meses la rebelión tuareg deviniera en golpe de Estado y el terror del salafismo comenzara a devorar a los habitantes por el norte, las violaciones a los derechos humanos han sido la única constante del país.

Derrotada la facción laica del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) , los radicales de la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO) y Ansar Dine (Defensores del islam) han tomado el control, resucitando los crímenes más atroces de los talibanes. Implantando la sharía por la fuerza, ambos grupos han extendido el reino del terror en cada esquina de la polvorienta y vasta Azawad.

Imposición de la sharía

Amputaciones, violaciones, flagelaciones, ejecuciones sumarias. Organizaciones presentes en el terreno, como Human Right Watch llevan meses documentando los escalofriantes y sistemáticos abusos perpetrados por los rebeldes de manera coordinada. La afganización del territorio no es un peligro: es ya una cruenta realidad.

En septiembre, las imágenes de dos jóvenes amputados sacudieron a parte de la opinión internacional, certificando unos crímenes que hasta entonces habían sido poco más que un eco que se perdía en los pliegues del conflicto. Los chicos habían sido acusados de atracar y robar un establecimiento, y un tribunal islámico decretó -a posteriori- que debía cortárseles una mano y la pierna contraria. Esta vez hubo fotos, pero no es así en la mayoría de los casos. Escasean los focos sobre la zona, porque pocos periodistas han podido cruzar al norte para documentarlo. La mayor parte de la información llega a través de locales como Le Républicain de Bamako, y los escasos medios occidentales que logran llegar hasta allí. Los testimonios de los malieneses que consiguen huír hielan la sangre.

Que los propios ejecutores sean quienes están enseñando al mundo sus atrocidades a través de la red, difundiéndolas en los foros yihadistas evidencia hasta qué punto la tortura se ha institucionalizado en los meses que han tomado el control del norte de Malí. En este vídeo puede verse cómo integrantes del Movimiento por la Unidad de la Yihad en África Occidental amputan la mano a un joven, en una plaza pública. Después, flagelan a un chico acusado de sodomía.

La música ha sido prohibida, así como el tabaco y el alcohol. Su consumo es castigado físicamente. En una aplicación estricta de la sharía, las mujeres no sólo están obligadas a velarse, si no que niñas de 12 años son forzadas a casarse y HRW ha documentado decenas de casos de violaciones. Los islamistas reclutan niños para el frente, y les unen a la guerrilla de manera sistemática e inflexible. "Les amputamos, sí. Pero nosotros no ordenamos esto. Es Dios" le dijo Aliou Mahamar Touré, uno de los islamistas de MUYAO al New York Times

Los datos de la ONU cifran en 500.000 los malienses que han sido desplazados desde que comenzara el conflicto. Más de un tercio de la población del norte ha huído del horror islamista. La mayoría trata de ecapar hacia la frontera con Mauritania, empezando a generar una verdadera la emergencia humanitaria. Argelia ya les ha cerrado sus fronteras. 

 
 

 

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