El ex asesor presidencial peruano Vladimiro Montesinos ha llegado al destierro en Panamá después de haber sido, durante una década, el segundo hombre más poderoso de Perú. Montesinos, abogado y capitán de la reserva del ejército, ejerció durante ese tiempo las funciones de asesor del presidente Alberto Fujimori y de jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).
La magnitud del poder que tuvo se hizo más evidente que nunca en los últimos días, cuando la decisión de Fujimori de separarle del Gobierno, debido a un escándalo de corrupción, removió la estructura misma de las fuerzas armadas y del Estado. Su exilio fue interpretado como una necesidad para la estabilidad del sistema, ante el temor de que, aún fuera del poder, pudiese ejercer una fuerte influencia sobre militares y autoridades.
Montesinos, de 56 años, casado y padre de dos hijas, nació en la ciudad surandina de Arequipa, en el seno de una familia urbana de clase media. La escasa información que existe de su biografía señala que nunca fue un estudiante sobresaliente, pero sí destacó desde el comienzo de su carrera militar como un oficial eficiente. Fue artillero, pero trabajó desde que era subteniente en el Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) y se hizo conocido como miembro connotado del ala "velasquista" del ejército. Perú tenía entonces un gobierno militar izquierdista encabezado por el general Juan Velasco Alvarado.
Militares, ex militares y ex agentes del SIE que trabajaron con él, afirman que durante ese Gobierno fue ayudante de dos comandantes generales del ejército y de un ministro, gracias a su gran inteligencia o a su habilidad para "tejer intrigas".
En 1976, tras ser derrocado Velasco, fue acusado de "mantener contactos no autorizados y filtrar información" del ejército a la prensa y otros servicios de inteligencia, por lo que fue relegado a una remota guarnición militar, en la frontera con Ecuador. Abandonar ese puesto, para viajar a Estados Unidos con una autorización falsa de su comando, le costó la carrera militar.
Según se informó hace unos años, Montesinos viajó a Estados Unidos invitado para dictar conferencias en la universidad de Yale y la organización Rand, pero el agregado militar de la embajada de Perú en Washington informó que se reunió, además, con la Junta Interamericana de Defensa. Se detectó igualmente un télex de la embajada estadounidense en el que se informaba del interés de Montesinos de "conversar con oficiales de Estado, Defensa, del Consejo de Seguridad Nacional, así como con la CIA (Agencia Central de Inteligencia)".
Al retornar a Perú fue arrestado, procesado por los delitos de falsedad y desobediencia, y finalmente fue dado de baja del ejército y condenado a dos años de cárcel que cumplió en una prisión militar. Cuando salió de prisión, en 1978, trabajó como taxista para mantenerse, mientras terminaba de manera simultánea sus estudios universitarios de Derecho.
En la década de los años 80 ejerció su nueva profesión, la abogacía, en el bufete de un primo, y asumió casos polémicos, como la defensa de los traficantes colombianos Evaristo Porras y Jaime Tamayo, cabecillas del "cártel" de Medellín. En su condición de abogado llegó al entorno de Fujimori, en 1990, cuando éste se encontraba en plena campaña electoral, acosado por acusaciones de haber evadido el pago de impuestos en un negocio inmobiliario de su esposa.
Aunque nunca se ha confirmado la versión, se dice que Montesinos "limpió" las evidencias de la supuesta evasión y que ese hecho le hizo merecedor de la confianza absoluta de Fujimori. A partir de esa confianza, Montesinos construyó el SIN y lo convirtió en una enorme red de información que permitió al Gobierno de Fujimori infiltrarse en la banda terrorista Sendero Luminoso y derrotarla, pero también espiar la vida privada de políticos, empresarios, militares y otras personalidades.
La fama de Montesinos fue creciendo tanto como su imagen de personaje siniestro, de poder en las sombras.
Se le acusa de haber usado el SIN para construir, sobre la base de la extorsión o el soborno, un andamiaje que le permitió controlar los resortes del poder en las fuerzas armadas, la judicatura, el sistema electoral, el parlamento, el ejecutivo y la policía. El Gobierno mantuvo siempre que esa versión era mitología política y que la labor de Montesinos se limitaba al ámbito de la seguridad nacional: terrorismo, narcotráfico y delincuencia.
La supuesta mitología se convirtió en historia real hace dos semanas, cuando se divulgó un vídeo en el que se ve a Montesinos entregándole dinero a un congresista, supuestamente en un soborno para que renuncie a su partido opositor y se pase al Gobierno. El escándalo provocó la decisión de Fujimori de desactivar el SIN y de entregarle el poder a un nuevo gobierno que se establecerá en julio del próximo año, después de un proceso electoral.

EL EX ASESOR DE FUJIMORI, EN PANAMÁ
El sombrío Montesinos, en el destierro
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