
Desde que se celebraron las elecciones en Castilla y León, el PSOE sólo tuvo unas horas de tensión pese a que han perdido más de 100.000 votos. Sucedió el lunes cuando el alcalde de Valladolid y exportavoz de la Ejecutiva, Óscar Puente, salió en La Sexta proponiendo la abstención del PSOE para evitar que Vox entrase en el Gobierno. Sin pretenderlo, colocó el foco sobre su partido sólo unos minutos antes de la comparecencia del portavoz de la Ejecutiva, Felipe Sicilia. Hasta siete preguntas tuvo que responder sobre por qué no pretendían abstenerse y hasta siete veces desde Ferraz se negó que ésta se fuese a producir.
El discurso no calaba y Ferraz empezaba a temerse lo peor: que les culpasen de un hipotético Gobierno entre el PP y Vox. Desde esa misma tarde, la dirección federal empezó a matizar. Primero, retaron al PP a que propusiese la abstención y la justificase. El martes, Pedro Sánchez perfeccionó su ofrecimiento y lo convirtió en un órdago: para conseguir su abstención, el PP tendría que abjurar de Vox, de todos los pactos con la formación de Abascal y reconocer que el partido verde "era un peligro para la democracia".
Hasta que el PP se retrate
La estrategia parece haber funcionado. En el Gobierno celebran el "extraño silencio" de PP y Vox para no hablar en la sesión de control del Congreso de sus resultados en Castilla y León. En La Moncloa les ha llamado la atención cómo, tras el órdago de Pedro Sánchez en el Senado a una pregunta de Javier Maroto, los populares han preferido pasar de puntilla por los resultados de este domingo en la pregunta de Pablo Casado y en la sesión de control. Tanto es así que el presidente del Gobierno aprovechó su última respuesta al líder de la oposición para reiterarle el envite y cercar más al presidente del PP: "Creó una trampa y ahora está entrampado".
En La Moncloa ven "nervioso" al PP y ya asumen que la renovación del CGPJ se atascará durante más tiempo porque dudan que Casado, en estas circunstancias, mueva ficha. Pese a todo, el Ejecutivo mantendrán este órdago "hasta que el PP se retrate". La primera prueba de fuego creen que será dentro de un mes: cuando se constituya la mesa de las Cortes de Castilla y León y se decida el presidente del parlamento autonómico. "Ahí se verá con quien va el PP", sostienen fuentes próximas a Sánchez.
En el PSOE dan por hecho que, al final, habrá un Gobierno de PP y Vox. Incluso creen que las desavenencias actuales no son más que una escenificación previa antes de un acuerdo para repartirse el Ejecutivo autonómico. De momento, están satisfechos porque han alejado el foco de una posible abstención sobre el PSOE, han pasado la pelota al PP y sus bases no les podrán culpar de no haber hecho nada si, al final, hay un hipotético gobierno entre Vox y Alfonso Fernández Mañueco.
Lo que descartan en Ferraz es en bajar sus exigencias: romper los pactos de Gobierno en Madrid, Andalucía, Murcia y abjurar de Vox. "No somos los pagafantas del PP", dicen fuentes próximas a la dirección federal del PSOE que apuestan por mantener su oferta hasta el final para forzar al PP al máximo.
"Combatir a Vox"
En el PSOE y el Gobierno también se ha instalado un debate sobre "cómo combatir a Vox". "Estas elecciones sólo han servido para cambiar de pareja de baile: un partido errático de centro derecha por uno de extrema derecha sin complejos", sostiene un ministro. Otros compañeros de Gabinete creen que "se ha instalado el discurso de que Vox es un PP más duro y no es sólo eso", añaden.
"Hay que leerse la Agenda España y combatir sus argumentos", afirma otro ministro que asegura haberse leído el programa de Vox y haber encontrado cosas "aterradoras". "Hay que hacer un frente democrático y aislarlos", sostienen en el sector morado del Gobierno donde en cambio siguen sin plantearse la abstención de su único diputado en las Cortes de Castilla y León.