L. D. / EFE.-
Mikel Ezama afirma, en declaraciones al diario
El Mundo
, que “algún chaval entró y se deshizo de él para que no se lo quitaran si lo detenían ... estoy seguro de que no iba contra mí; cuando pasan la hucha para los presos yo siempre doy algo”. "Nunca he estado metido en política y jamás he tenido enfrentamientos con ellos".
Según el dueño del bar, quien dejó el cochecito en su establecimiento fue uno de los participantes de la manifestación prohibida por la Ertzaintza y convocada por Segi (Haika), el pasado fin de semana. Esa noche, un cliente habitual del café-billar Txioka encontró el escarabajo en los lavabos del local. “El cochecito, un escarabajo (New Beetle), medía unos 15 centímetros y pesaba muy poco. ¿Cómo iba a imaginar yo que dentro tenía explosivo?”, dice el propietario del bar.
“Lo tuve guardado detrás de la barra todo el fin de semana, por si el dueño venía a reclamarlo, y el domingo, como no apareció nadie, decidí tirarlo a la basura”. Idoia, que trabajaba como camarera en el Txioka desde hace cuatro años, le pidió que no se deshiciera del juguete. “Me dijo que se lo iba a regalar a su sobrino Jokin, de 16 meses, y que al mayor, Peio, le daría una jirafa de peluche que le había tocado en la tómbola.
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Según el dueño del bar, quien dejó el cochecito en su establecimiento fue uno de los participantes de la manifestación prohibida por la Ertzaintza y convocada por Segi (Haika), el pasado fin de semana. Esa noche, un cliente habitual del café-billar Txioka encontró el escarabajo en los lavabos del local. “El cochecito, un escarabajo (New Beetle), medía unos 15 centímetros y pesaba muy poco. ¿Cómo iba a imaginar yo que dentro tenía explosivo?”, dice el propietario del bar.
“Lo tuve guardado detrás de la barra todo el fin de semana, por si el dueño venía a reclamarlo, y el domingo, como no apareció nadie, decidí tirarlo a la basura”. Idoia, que trabajaba como camarera en el Txioka desde hace cuatro años, le pidió que no se deshiciera del juguete. “Me dijo que se lo iba a regalar a su sobrino Jokin, de 16 meses, y que al mayor, Peio, le daría una jirafa de peluche que le había tocado en la tómbola.
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