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Mundial de Inglaterra 66

El gol fantasma que permitió a Inglaterra ser campeona del mundo

Un gol que no entró y que sólo el árbitro vio fue el que determinó que Inglaterra se proclamara campeón del mundo en su casa.

Un gol que no entró y que sólo el árbitro vio fue el que determinó que Inglaterra se proclamara campeón del mundo en su casa.
Momento en que Bakhramov, árbitro asistente, le indica a Dienst que el balón había entrado, aunque nunca fuera así.

Lo normal en un Mundial de fútbol es que el equipo anfitrión reciba algunas ayudas arbitrales. Desde sus primeras ediciones, hasta las más recientes, como la de Corea en el Mundial de 2002. Sin embargo, muchos consideran que el error acontecido en el campeonato de 1966 fue el mayor de la historia del los campeonatos del mundo.

Porque ya hablamos de fútbol moderno, no de aquél que se practicaba en el 34; porque ya existía la televisión, y el alcance mediático se había multiplicado; y porque el gol de Inglaterra -que fue beneficiada durante todo el torneo- significó que los ingleses se proclamaran campeones del mundo. Y ese gol, nunca entró.

El perro que salvó el Mundial

De los 68 equipos que lucharon por una plaza en el Mundial -nuevo techo histórico- 16 se citaron en Inglaterra. Se establecieron cuatro bloques para la división en cuatro grupos: Sudamérica, Europa Mediterránea, Resto de Europa, y finalmente las selecciones consideradas modestas: México, Bulgaria, Suiza, y Corea del Norte.

Sin embargo, la edición del campeonato estuvo a punto de cancelarse después de que el trofeo, la Copa Jules Rimet, fuera robada unos meses antes, mientras era exhibida en Westminster. Tras ocho días de intensa búsqueda, con los lógicos nervios, fue un perro, Pickless, quien la encontró semienterrada en un jardín. El ladrón fue condenado a dos años de prisión, mientras Pickles alcanzaba una inmensa popularidad.

Finalmente, el Mundial comenzaba en la fecha prevista, con la disputa del encuentro entre Inglaterra y Uruguay. Un partido inaugural terriblemente decepcionante, que terminó en empate a cero, a pesar de que los ingleses, en su intento de jugar la baza psicológica, programaron todos sus encuentros en Wembley. Posteriormente, Charlton y Hunt arreglarían la situación sellando la victoria ante México -en el que por cierto Carvajal disputaba su quinto mundial, récord histórico- y con otra victoria ante Francia, también por 2-0.

Otro batacazo de España

España llegaba a la cita como una de las grandes favoritas, después de proclamarse campeona en la Eurocopa de dos años antes. La selección se concentró durante 50 días, quizá demasiados, antes de viajar a Inglaterra. Y la cosa ya comenzó con mal pie, al caer en el primer encuentro ante Argentina (2-1).

En el segundo choque, España logró una mediocre victoria ante Suiza, remontando un 0-1 con goles de Sanchís y Amancio, y en el tercer encuentro, pese a que se ofreció una mejor imagen, adelantándose en el marcador, España cayó derrotada por Alemania (2-1). Villalonga, el seleccionador, había dado con el once acertado en el último partido. Demasiado tarde.

En el Grupo C, Portugal y Hungría lograban la clasificación dejando fuera nada menos que a Brasil, la campeona en las dos ediciones anteriores, en gran parte debido a los brutales marcajes que sufrió Pelé del búlgaro Zechev y en el posterior encuentro del portugués Morais. Mientras que en el D Corea del Norte se apuntaba la gran sorpresa, al derrotar a Italia por 1-0, en un choque en el que surgió la leyenda de que los coreanos habían sustituido a sus once futbolistas en el descanso sin que nadie se percatara. Sea como fuere, lograba el pase a cuartos junto a la Unión Soviética.

La polémica comienza en cuartos

Los cuartos de final comenzaron con un duelo estelar: Inglaterra y Argentina, que ya anunciaban lo que estaba por venir en ediciones posteriores. Y el amaño arbitral ya salió a relucir. En el sorteo de árbitros para cuartos, representantes de Argentina, España, Uruguay y la Unión Soviética habían sido citados para ser testigos. Pese a que todos llegaron a la hora convenida, el sorteo ya se había realizado, con el presidente de la FIFA presente, y los representantes alemán y africano como garantes de la limpieza del mismo. El germano Rudolf Kreitlein fue escogido como colegiado del Inglaterra-Argentina.

Kreitlen nunca supo, o no quiso, controlar dos estilos tan bruscos, y las tensiones durante el partido fueron creciendo desmesuradamente. Rattin, capitán albiceleste y fantástico futbolista, era expulsado antes del descanso, y los sudamericanos amenazan con retirarse del campo. Diez minutos tardó en solventarse el conflicto, con la entrada de las autoridades al verde para llevarse al futbolista.

Ya en la segunda mitad Argentina pide la expulsión de Hurst, pero el colegiado no le amonesta, y fue precisamente Hurst quien, a diez minutos del final, marca el 1-0 definitivo. Inglaterra ya está en sus semifinales.

El Alemania-Uruguay también fue un duro choque. Tras severas patadas y acciones polémicas, dos futbolistas celestes, Troche y Silva, eran expulsados en el segundo tiempo. Alemania, la Alemania del joven Beckenbauer, aprovecharía la situación para terminar imponiéndose fácil: 4-0.

En el otro cuarto, Corea del Norte estuvo a punto de repetir proeza, cuando en la primera mitad se vio con un 3-0 a su favor ante Portugal. Sin embargo Eusebio, sin duda la gran estrella del campeonato, se encargó de arreglar la situación: cuatro tantos, y victoria final para los lusos por 5 a 3. URSS, venciendo a Hungría por un apretado 2-1, completaría el cuadro de semifinales.

Un duelo de leyendas

En la primera semifinal, Alemania se impondría a la Unión Soviética (2-0) con una soberbia actuación de Beckenbauer, en lo que podría considerarse su primera exhibición a nivel internacional. Poco después, se convertiría en leyenda del fútbol para siempre.

No fue la única que brilló en semifinales. Un duelo destacó por encima de todos: el que protagonizaron Bobby Charlton, estrella de Inglaterra, y Eusebio, portugués. Dos goles del Sir del fútbol inglés adelantaron a los anfitriones. Eusebio, a pesar de las duras entradas a las que estuvo sometido durante todo el partido, sólo pudo acortar distancias. Inglaterra ya estaba en su final.

A los lusos les quedó el consuelo de ser terceros, hasta la fecha su mejor clasificación en un Mundial, tras ganar la consoliación a la URSS. Eusebio acabaría consiguiendo el título de máximo goleador con nueve tantos, en lo que supuso el cénit de su carrera futbolística puesto que Eusebio ya había logrado muchos títulos a nivel personal y de equipo.

El mayor error arbitral

La final fue brillante, apasionante, angustiosa y, sobre todo, polémica. Tanto, que aún hoy es discutida. Bobby Charlton y Beckenbauer se anularon mutuamente. Los británicos salieron ardientes ante su público, aunque fue Alemania quien se adelantó con el gol de Haller. Hurst, demoledor, el único jugador que ha marcado tres goles en una final, igualaba el choque poco después.

Peters ponía el 2-1 en la segunda mitad, y cuando los británicos ya se veían entonando el alirón, a falta de segundos para ser campeones del mundo, llegaba el empate, obra de Weber. El partido se marchaba a la prórroga, y entonces llegó la gran polémica.

Hurst, de nuevo Hurst, sacaba un gran zurriagazo, pero el balón se estrellaba en el travesaño, y botaba fuera. Entonces, el colegiado, el suizo Gottfried Dienst, en una decisión incomprensible y a instancias de su asistente, otorga un gol que nunca debió subir al marcador.

En plena locura colectiva, con Alemania protestando y Wembley vibrando, con varios aficionados celebrando el tanto en el césped, Hurst volvería a marcar el 4-2 definitivo. Inglaterra, la inventora del fútbol moderno, ganaba por fin un Mundial, su Mundial. Pero para siempre quedará como un título manchado por la colaboración arbitral a lo largo de todo el campeonato.

Ficha técnica del partido:

Inglaterra, 4: Gordon Banks; Cohen, Stiles, Wilson; Jack Charlton, Bobby Moore, Alan Ball; Bobby Charlton, Hurst, Hunt, Peters. Entrenador: Alfred Ramsey
Alemania, 2: Tilkowski; Hoettges, Beckenbauer, Schnellinger; Schulz, Weber, Haller; Emmerich, Uwe Seeler, Sigi Held, Overath. Entrenador: Helmut Schon

Goles: 0-1, m.12: Haller; 1-1, m.18: Hurst; 2-1, m. 78: Peters; 2-2, m.90: Weber; 3-2, m.101: Hurst; 4-2, m.120: Hurst
Árbitro: Gottfried Dienst (Suizo)
Estadio de Wembley, 96.924 espectadores, 30 de julio de 1966

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