Tirando de tópicos -ahora sí- esto no es más que la crónica de una muerte anunciada. Durante todo 2011 desde la cadena estadounidense se han ido lanzando avisos de que el fin era inminente, a lo que ha contribuido el desplome de la audiencia durante esta última temporada.
Para el mes de abril se habrán completado 177 episodios “que son 175 más de los que cualquiera esperaba allá por 2004″, sostienen en una nota de prensa David Shore, Katie Jacobs y Laurie, productores ejecutivos de la serie, en alusión a la fecha en la que se comenzó a emitir.
“La decisión de acabar el show ahora o nunca ha sido dolorosa, ya que pone en riesgo centenares de relaciones cercanas que se han desarrollado durante los últimos ocho años, pero también porque la serie ha sido una fuente de gran orgullo para todos los involucrados”, explicaron.
“Los productores siempre imaginaron a House como una criatura enigmática; nunca sería el último en abandonar una fiesta. ¿Por qué no desaparecer antes de que la música se detenga, mientras que aún hay cierta mística en el aire?”, apuntaron.
El presidente de entretenimiento de Fox, Kevin Reilly, también dio su punto de vista en un comunicado. ”Con gran pesar y un nudo en la garganta, respetamos la decisión tomada por Hugh, David y Katie. Por ocho temporadas, todo el equipo de ‘House’ nos ha dado algunos de los mejores personajes y las historias más emotivas jamás vistas en televisión”, afirmó Reilly.
En el fondo, el fin de House es una buena noticia para todos los que hemos disfrutado tantos años del doctor más psicótico de la pequeña pantalla. Mejor que se vaya ahora, cuando aún podremos recordarle con cariño y no como una de las víctimas del ‘efecto chicle’, alargado hasta la extenuación. Nos queda, por tanto, esperar un final apoteósico, a la altura de las season finale a los que nos tienen acostumbrados esos locos guionistas. Aunque, secretamente, sigamos creyendo que ningún final superará al último capítulo de la sexta temporada, que habría sido un perfecto broche para la serie.