
Para muchos, Lazarillo de Tormes es la primera novela moderna. Sigue siendo un misterio su autoría, al igual que otros grandes títulos como Libro Buen Amor y Celestina. Está escrito en primera persona, de forma autobiográfica, pero no es una autobiografía auténtica: Lázaro no escribiría así, no citaría a los clásicos.

Con el Lazarillo de Tormes nace el género de la novela picaresca. El protagonista es un pícaro que sirve a varios amos, no es un delincuente pero tampoco un santo. Muestra la realidad social española de la época pero también tiene una intención literaria de crítica social.
También es moderna en la estructura. Son episodios sueltos, unidos por el protagonista. Es una novela de aprendizaje. Pero lo revolucionario de este libro es que un personaje como Lázaro sea el protagonista. Es el antihéroe frente a Aquiles o Ulises.
Lázaro sirve a muchos amos – ciego, buldero, hidalgo, clérigo…- y los retrata desde abajo, es lo que llaman perspectivismo. La filosofía que nos da el Lazarillo es muy pesimista. Reina el egoísmo.
Lo más conmovedor es que da de comer al hidalgo, su amo (es el mundo al revés). "Tanta lástima haya Dios de mí como había yo de él, porque sentí lo que sentía y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada día". Es la fraternidad del hambre.
Supone una crítica social implacable de aquella España: no se le ocurre trabajar. ¿Cómo no va a haber decadencia? La Ley de Carlos III decía que los españoles, aun siendo nobles, sí podían trabajar.
En definitiva, es una lectura fácil, con varios niveles, en la que los niños ríen con bromas del ciego y los adultos ven su complejidad. Anticipa a Cervantes.
LAZARILLO DE TORMES, edición de Víctor García de la Concha, Madrid, ed. Espasa, col. Austral, 2010, 160 págs, 7 euros. ISBN: 978-84-67033403.
