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PEDIATRÍA

Amígdalas y vegetaciones

Dr. José Ignacio de Arana Amurrio.

Biografía del Dr. José Ignacio de Arana Amurrio



Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de la misma Universidad. Médico Puericultor del Estado. Técnico Superior de Salud Pública de la Comunidad de Madrid. Ejerce como Pediatra desde hace 35 años en el Hospital General Universitario “Gregorio Marañón”. Miembro de Número de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas. Autor de veinticinco libros, entre los que se cuentan La salud de tu hijo, todas la respuestas y Diga treinta y tres, anecdotario médico, y de más de 500 artículos en prensa sobre temas médicos y humanísticos. Ha recibido numerosos premios nacionales de narrativa. Ha pronunciado un centenar de conferencias y es colaborador habitual de medios escritos y radiofónicos en toda España.

Dr. José Ignacio de Arana Amurrio.

Las amígdalas, las llamadas con más propiedad amígdalas palatinas, son dos pequeñas estructuras que se sitúan en el límite entre la boca y la faringe o garganta. La infección y consiguiente inflamación de las amígdalas y del resto de la faringe se llama comúnmente anginas y puede obedecer a una etiología vírica o bacteriana. Entre estas últimas, la amigdalitis estreptocócica ocupa un primer lugar. Las amígdalas aparecen muy enrojecidas, hipertrofiadas y sólo a veces recubiertas de una secreción blanquecina. Se acompaña de aumento de tamaño en los ganglios, sobre todo los situados junto al ángulo mandibular.

Las amigdalitis víricas son de aparición brusca en forma de disfagia (dolor al tragar) y fiebre elevada. Las amígdalas están rojas o cubiertas frecuentemente de placas blanquecinas; el paladar se muestra también enrojecido y en ocasiones salpicado de pequeños puntos hemorrágicos. Los ganglios se inflaman y pueden apreciarse otros signos y síntomas de viriasis como enrojecimiento de las conjuntivas, dolorimiento muscular, etc.

La distinción entre un tipo y otro de angina o amigdalitis -que son términos sinónimos- puede por regla general hacerse por la sintomatología y con la exploración física del paciente. En caso de duda, el médico puede solicitar pruebas complementarias como cultivos del material recogido en las amígdalas. Existe un test rápido que en pocos minutos detecta la presencia de estreptococos.

La contagiosidad de las faringoamigdalitis depende en gran parte de su etiología. Es muy grande en las de origen vírico y menor en las bacterianas. La vía de contagio, común a la inmensa mayoría de las enfermedades infecciosas infantiles, es a través de las pequeñas partículas de saliva que se expulsan con la tos, el estornudo o al hablar y, naturalmente, por los tan frecuentes intercambios infantiles de golosinas, lápices chupados, etc.

Las adenoides son unas estructuras en todo similares a las amígdalas pero situadas más arriba que éstas, junto al orificio posterior o interno de las fosas nasales. Cuando son de tamaño grande y causan trastornos respiratorios se denominan comúnmente vegetaciones.

La inflamación de las adenoides reviste su mayor importancia cuando es crónica o muy reiterada por sus complicaciones locales o de vecindad. Dificultad o hasta imposibilidad de respiración nasal: es la típica facies adenoidea, con la boca siempre entreabierta. Ronquido durante el sueño. Deformidad del paladar duro que toma la disposición de paladar ojival (por su parecido con la curvatura de una bóveda gótica) y lleva tras de sí alteraciones en las arcadas dentarias y en la salida y colocación de los dientes. Y obstrucción de las trompas de Eustaquio, que son como los respiraderos del oído medio, con déficit auditivo y facilidad para la infección de la caja timpánica. El niño con adenoiditis aguda verá exacerbados algunos de estos signos a la vez que presentará una mayor secreción nasal.

El diagnóstico de adenoiditis crónica se hace mediante la exploración radiológica con la obtención de una radiografía lateral de la cara (radiografía de cavum) en la que se visualiza perfectamente el grado de obstrucción.

Durante muchos años la intervención quirúrgica para extirpar las amígdalas o las adenoides o ambas a la vez era una práctica habitual. Hoy se han modificado de forma significativa las indicaciones quirúrgicas. Se reconoce a amígdalas y adenoides una importancia en el conjunto de los procesos defensivos del organismo; se sabe que intervienen activamente en la creación de defensas contra las infecciones sucesivas. Su condición de barreras de primera línea les confiere además una función de freno inmediato contra la diseminación de los gérmenes.

La amigdalectomía ha sido casi por completo abandonada. Hoy sólo se extirpan cuando su gran tamaño obstruye casi por completo la faringe y dificulta o impide el paso del aire especialmente durante el sueño, provocando las llamadas apneas obstructivas. El caso de las vegetaciones es algo distinto. Hay numerosos casos en que el verdadero problema planteado por la hipertrofia de las adenoides es de tipo mecánico, obstructivo: otitis media y sinusitis reconocen con frecuencia su origen en estas obstrucciones crónicas. En estos casos sí estará indicada la eliminación del obstáculo a la buena ventilación.

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