
Oporto en invierno: más que una ciudad, es un sentimiento
David Alonso Rincón




Los turistas llegan a Moint Saint-Michel tanto por la carretera como a través de la superficie en otros momentos cubierta por el agua del mar.

Una de las calles del pueblo, en las que pese a los muchos turistas de conserva el sabor medieval.

Estrechos callejones con escaleras son parte del encanto de Mont Saint-Michel.

Un pequeño cementerio a los pies de la abadía es uno de los rincones con más encanto de Mont Saint-Michel.

Las vistas de la bahía de Mont Saint-Michel, desde lo alto de la pequeña isla.

El interior del templo, que es románico y gótico en su cabecera.

Las impresionantes vistas que se disfrutan desde el claustro de la abadía.

La figura dorada que corona, a más de 90 metros de altura, la iglesia y toda la isla.

Una de las salas del laberíntico conjunto de la abadía, en parte excavado en la propia roca.

Uno de los rincones de la murallas que defendían la gran fortaleza.

La entrada a la fortaleza y La Mere Poulard, uno de los restaurantes más conocidos del lugar.

En La Mére Poulard se hace una tortilla especial y deliciosa de receta secreta transmitida por generaciones.

La puesta de sol y la mole de la fortaleza reflejadas en el agua.

El atardecer es, quizá, el momento en el que más hermoso es Mont Saint-Michel.