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Emma Stone, la hazaña de la actriz que ha ganado dos Oscar

Emma Stone, Oscar por Pobres criaturas, lleva ya dos estatuillas a sus 35 años.

Emma Stone, Oscar por Pobres criaturas, lleva ya dos estatuillas a sus 35 años.
Emma Stone | Cordon Press

Favorita en los últimos Óscar, en su nonagésima sexta edición, la actriz Emma Stone no ha defraudado las expectativas causadas por su gran interpretación en la película Pobres criaturas, llevándose su segunda estatuilla dorada. La primera que consiguió fue en 2017 por su papel en La La Land (La ciudad de las estrellas). Dos son los amores importantes de su vida. El segundo y último con su actual marido, con quien lleva casada desde 2020, padres de una niña. Siendo una de las estrellas cinematográficas más reconocidas entre las de su generación, está considerada de las más elegantes y algo sofisticadas, cotizada entre los productores a los que no defrauda pues sus filmes en general han funcionado bien en taquilla. Mujer de vida discreta a sus treinta y cinco años, por lo común ha sacrificado su trabajo en defensa de su existencia familiar. Con el tiempo ha vencido una lejana conducta infantil que la sumía en un pánico a relacionarse en público, además de superar alguna otra enfermedad física, como una hernia de hiato descubierta a poco de nacer. Lo que aún sufre es asma.

Con sus ojos verdes, melena a veces rubia, otras pelirroja, rostro níveo, Emma Stone expresa elegancia tanto en la pantalla, cuando sus personajes se lo permiten, como exhibiéndose en la alfombra roja. Y así lo hizo en la pasarela de los recentísimos Óscar, luciendo un original vestido "peplum" (término asociado a las cintas de romanos), con la mala fortuna de que al ser reclamada para recibir su premio, se le enganchara en su butaca, rasgándose ante su impotente mirada. Una de las anécdotas de esa noche de glamur, que le recordaba sin duda la otra de hace siete años, cuando como apuntábamos obtenía el primero de sus Óscar.

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En la película Rumores y mentiras | Archivo

Emma Stone (Emily Jean es su doble apelativo real) nació en el estado norteamericano de Arizona en una familia donde el padre trabajaba como empresario de la construcción y la madre ama de casa. Siendo niña sufría un pánico terrible a relacionarse con otras niñas. Con el tiempo, acabó con esa fobia, gracias a sus apariciones en un cuadro de actores aficionados. Formó un grupo juvenil en Phoenix, a los catorce años. Su mayor ilusión era la de triunfar en dos facetas, las de actriz y cantante, abandonando en su adolescencia sus estudios. Consiguió que su madre apoyara esa vocación artística y se marchó con ella a Los Ángeles, con la promesa de que también compaginaría su dedicación teatral con las interrumpidas enseñanzas escolares, como así sucedió. Pudo más, de todas formas, su tesón hasta convertirse en la segunda decena del nuevo siglo en una de las más prometedoras actrices de Hollywood.

Coincidió esa situación con su primer éxito con su también primer enamoramiento. Sucedió en 2011, compartiendo el reparto protagonista de la película The Amazing Spider-Man. Allí su corazón dio un vuelco en seguida tras conocer a su compañero, el actor que interpretaba a ese fantástico "Spiderman", de nombre Andrew Garfield, con quien mantuvo una relación sentimental a lo largo de cuatro años. En 2015 anunciaron el término de sus amores, que habían dado pábulo en las páginas de las revistas femeninas y cinematográficas.

Tan solo un año más tarde Emma Stone conoció a quien iba a ser su nuevo marido, el realizador del legendario programa de televisión Saturday Night Live, Dave McCary. Se casaron en 2017 y en 2021 tuvieron a una niña, a la que llamaron Louise Jean. La pareja ha mantenido hasta la fecha una vida estable, feliz.

Emma Stone tiene, además de su anterior y primeriza etapa teatral una filmografía interesante. No vamos a analizarla, simplemente de pasada comentar ligeramente su implicación en los dos filmes que le han deparado sendos Óscar. En La La Land era la chica vocacional que acudía a cuantas audiciones le eran factibles hasta que se enamoraba de un pianista de jazz. Imágenes románticas de ambos mientras se recreaban pasajes musicales de inolvidables comedias musicales, como Sombrero de copa, Cantando bajo la lluvia, Grease… Una película llena de efectos especiales y contenidos líricos, apelando a la sensibilidad de los espectadores. Emma Stone había encontrado la horma de su zapato porque allí pudo demostrar no solo su capacidad de actriz, sino también la de cantante, interpretando seis piezas de la excelente banda sonora.

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En la última ceremonia de los Oscar | Archivo

Lo de ahora de Pobres criaturas nada tiene que ver. Pues se cuenta la vida de una mujer adulta cuyo comportamiento es el de una niña, tras ser objeto de un trasplante del cerebro de un bebé. A lo largo de esa historia cuanto sucede a este ser, que había cometido un suicidio, Bella Baxter, viene a ser un viaje imaginativo, lleno de fantasía que significa una emancipación personal de la protagonista. Entre otros pasajes, los hay de sexo explícito, que la actriz supo resolver para no traicionar cuando le ocurría a la heroína del argumento. Que procedía de un libro del escritor Alasdair Gray. El director, Yorgos Lanthimos, vino a mezclar sensaciones procedentes de Frankenstein y La bella y la bestia. Tardó varios años en conseguir rematar el guion que perseguía, muy compenetrado con la actriz elegida, Emma Stone, que participó asimismo en la producción. "Es el personaje que soñé toda mi vida, el favorito de mi carrera, no lo dudé cuando me lo propusieron".

Emma Stone, que ha ganado dos premios BAFTA, dos Globos de Oro y la Copa Volpi italiana, precisamente también por Pobres criaturas, se suma a las grandes divas de la pantalla que hasta la fecha ostentan dos Óscar, a saber: Bette Davis, Vivien Leigh, Jane fonda, Meryl Street y Jodie Foster. Con eso, queda dicho todo. Es ya a su edad, repetimos, de treinta y cinco años, una de las más grandes de Hollywood en estos días en los que el cine mantiene una rivalidad con tantas teleseries. Pero no somos los únicos, naturalmente, en defender sentarse en la butaca de una sala, que no admite comparación alguna, como no sea la comodidad de estar en pijama en nuestra casa frente al televisor.

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