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Palos de ciego

Si los partidos utilizan las elecciones europeas para hacer limpieza –lo que Alfonso Arús llama Mierdas las justas– y para jubilar doradamente a los políticos que no quieren en primera línea, el votante tiene todo el derecho a quedarse en casa.

La política en España está como el cine español; carente de ideas, flojo en taquilla y subvencionado en exceso. Se libran de la quema tres o cuatro espíritus libres y ya está. Todos los partidos, sin excepción, van haciendo eses en el mejor de los casos y dando palos de ciego el resto. El otro día oí decir a Pedro J. que la única alternativa al PSOE éste, descompuesto, en el que se pasan a cuchillo entre ellos mismos, mismamente, es el PP; y hoy por hoy, el PP de Rajoy. Y es verdad. Con lo cual, lo mejor es que asumamos cuanto antes que España será bipartita o no será. Si los americanos –perdón, los estadounidenses, que luego me corrigen– que han inventado esto y que son un porrón de gente votando, al final eligen entre dos señores, no sé por qué aquí vamos a tener que ser más mirados con la oferta política. Lo mismo que los británicos.

Todos los partidos que tienen una idea de libertad e igualdad entre españoles y españolas combinan, en mayor o menor medida, grandes aciertos, personas admirables o iniciativas dignas de elogio, con meteduras de pata hasta el corvejón, caciquismo, nula democracia interna, personalismos, iluminados y tíos y tías que no se han visto en otra. Por ello, lo mejor es el voto útil y ya está. En definitiva, como tantos otros estos días, anuncio por la presente mi rendición al régimen.

Dicho esto, esta semana se publicó en el BOE el anuncio de convocatoria de las elecciones europeas, un canto a la abstención. Mi idea inicial es votar a Mayor Oreja; ya les dije que no se merece el castigo que se deben llevar otros y que me gusta su idea de que el que quiera cambiar el PP lo haga desde dentro. Pero claro, si los miembros y componentas de la lista electoral subsiguientes al candidato no van a ser más que opositores a un sueldo Nescafé durante cinco años, el entusiasmo inicial, con el calorcito que puede hacer ese día, ideal para la playa o la montaña, puede sufrir un grave quebranto. Desaparecido Luis Herrero, ni una sola idea sobre si el PP va a denunciar a Montilla por negarse a incluir la famosa casilla en las hojas de inscripción, ni una sola mención al CAC, ni a si el PP va a denunciar en Europa el nuevo Estatut de Cataluña, que vulnera todas la libertades de la Unión Europea; nada por aquí y menos por allá, ahora que tienen las encuestas a favor. Y ya que el PP ha mandado a la señora Salmones a hacer el ridículo como portavoza de defensa, tampoco tenemos noticia de si van a conseguir que la recomendación de la Comisión Europea sobre la prohibición del canon a empresas y administraciones se haga norma y norma de obligado cumplimiento.

Además, tampoco sabemos cómo afecta a la candidatura europea popular que la señora Camacho quiera suplir la baja de Guardans ofreciéndose a CIU, sin pedir nada a cambio; eso es amor del bueno, pero ¿está Mayor Oreja de acuerdo con esa tontería?

Ciertamente, a los españoles nos urge echar a Zapatero y a Corbacho, pero si los partidos utilizan las elecciones europeas para hacer limpieza –lo que Alfonso Arús llama Mierdas las justas– y para jubilar doradamente a los políticos que no quieren en primera línea, el votante tiene todo el derecho a quedarse en casa, ¿o pensaban que les iba a hablar de otra cosa?

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