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Como ya hemos comentado en otras ocasiones, existe una peligrosa alianza ideológica de la izquierda europea con el islamismo. Ambos tienen enemigos comunes, empezando por la democracia parlamentaria y acabando con los Estados Unidos. Y sobre todo, el PSOE y el islamismo coinciden en una cosa: el rechazo radical tanto del cristianismo como del Islam moderado. Respecto a éste, el PSOE mantiene la misma actitud de desprecio que mantiene hacia el cristianismo y el judaísmo, habida cuenta de que todos ellos constituyen un estorbo para la instauración de su religión civil.
El proyecto político de Zapatero no es ni político ni económico ni institucional; es ideológico, y se basa en la reeducación e inmersión masiva de los españoles en una religión civil. A ello están dedicados el Ministerio de la Igualdad, la Educación para la Ciudadanía o la Ley de Libertades religiosas. La idea es acabar con aquellas creencias morales, religiosas o ideológicas de los ciudadanos españoles que sostienen un régimen liberal-parlamentario, para sustituirlas por ciertos dogmas progresistas que sustenten un régimen popular-republicano.
En esta primera fase, eminentemente destructiva, se impone el radicalismo y la acumulación de fuerzas contra todas aquellas creencias compatibles con el orden constitucional. En su punto de mira están los principios o valores que lo puedan sustentar, sean de la religión que sean. Y para ello se une y fomenta a cualquier grupo antisistema, independentista, neocomunista o islamista. El lector no leerá ni escuchará en los medios de la izquierda a ningún musulmán liberal o moderado por muy amenazado de muerte que esté; tan solo oirá a los propagandistas habituales del islamismo radical. Y no escuchará a los portavoces del PSOE criticar las propuestas de un doble sistema jurídico en España, ni las llamadas a recuperar Al-Andalus, ni defender a los musulmanes amenazados de muerte por el yihadismo.
¿Cómo es posible? Sencillo: los musulmanes moderados creen que la democracia liberal-parlamentaria es el mejor régimen político posible, y tratan de adaptar el Islam a una sociedad abierta, a la razón y a la modernidad. Parten de la creencia en que la democracia es mejor que el totalitarismo, por islámico que sea. Pero esta creencia en las bondades democrático-liberales es demasiado para una izquierda que está precisamente en la demolición de este sistema, y que está acumulando fuerzas en su contra. En consecuencia, propaga, defiende y justifica al islamismo radical, mientras silencia y abandona a su suerte a los demócratas islámicos, en otros países o en los barrios y ciudades españolas.
El último episodio de esta conjunción lo hemos vivido con las críticas conjuntas de algunos representantes islamistas y del PSOE a las sensatas palabras de Ignacio Cosidó, que había advertido del riesgo que supone que el fundamentalismo islámico se asiente sobre la comunidad musulmana en España, erosionando con sus valores el régimen democrático. Como afirmó Cosidó, y como afirmamos en GEES, el sistema democrático puede entenderse mal que bien con un Islam moderado, pero no con un islamismo radical o un laicismo salvaje, porque de lo que abominan ambos es precisamente de los valores liberal-constitucionales.
No sólo el islamismo español se ha lanzado al ataque, sino que ha sido el PSOE el que una vez más ha salido en defensa de los valores islamistas, contra Cosidó, contra el Islam moderado y contra los valores constitucionales. Será que el partido de Pablo Iglesias ha alcanzado su fase superior.
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