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¡Vaya cincuentenario está teniendo el Círculo de Economía! De tropiezo en tropiezo. Aunque a punto estuvieron de romperse la crisma el Rey, Pujol y Maragall, el principal desliz fue el de Zapatero ante un micrófono indiscreto. No es que lo revelado nos sorprenda; lo increíble sería que en petit comité siguiera atado el presidente a su paisaje económico naif, entre la trola y el triunfalismo bananero.
Otro micrófono chivato nos había revelado antes de las elecciones la intención presidencial de crispar deliberadamente el ambiente, y aunque da un poquito de vergüenza ver al jefe del Ejecutivo reforzar las convicciones incendiarias de un periodista que luego se la coge con papel de fumar y afecta gran escándalo por las supuestas crispaciones ajenas, de nuevo lo sorprendente habría sido oírle algo así: "Yo nunca crisparé, Iñaki, ¿cómo se te ocurre?"
Estepaís está cómodamente instalado en la hipocresía. La coincidencia de discursos opuestos en la misma persona pública y su uso alternativo dependiendo del tamaño de la audiencia resultan lo más natural del mundo. La confidencialidad facilita –y esto sí es natural– el uso de palabras gruesas, sin embargo, cuando trasciende un insulto privado se levanta mucho más revuelo que cuando el presidente muestra que es un falsario ante el periodista o el empresario amigo. Piénsese en el “gilipollas” que Bono dedicó a Blair, comprensible e instructivo, pues permite constatar el concepto que de aquel laborismo tenía el PSOE. Y compárese con la indiferencia general cuando Zapatero exhibe ante Gabilondo un rostro objetivamente repugnante.
La brutal disonancia de los diagnósticos económicos presidenciales, dependiendo del interlocutor, certifica, por mucho que no sorprenda a nadie, la disposición de Zapatero al uso de la mentira. Pero Zapatero es sólo un pobre tipo que entró por accidente en los libros de historia. Él no nos importa, sino la sociedad española, que está pidiendo a gritos una regeneración, que da por hecho que entre lo público y lo privado se levanta un muro, y que el tránsito de uno a otro mundo comporta un salto tan notable que no sólo altera las reglas de etiqueta sino las más elementales nociones éticas.
El problema es la falta de escándalo cada vez que a Zapatero se le ven los palos del sombrajo. Lo es en mucha mayor medida que el propio Zapatero, al fin una expresión de lo que hay, una sombra de esta triste España donde la verdad cotiza tan bajo que uno escribe artículos como este sin esperanza. Por alguna razón nuestros medios siguen resistiéndose a admitir que los problemas de Clinton por el asunto Lewinsky tuvieran algo que ver con mentir al pueblo. Creen que lo lincharon por un solo privado de clarinete.
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