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Por David Jiménez Torres

Punisher



Terminada la maxiserie del recién recuperado Frank Castle, las ventas de la misma casi exigían la aparición de una serie regular dedicada al personaje. Marvel no se ha hecho de rogar y escasamente un mes después de la finalización de dicha serie sacan al mercado Punisher (sin subtítulos tan ridículos como los ya lejanos “War Zone” y “War Journal”). El equipo creativo es el mismo que se encargó de devolver a Frank Castle a su antigua popularidad: Garth Ennis y Steve Dillon. Los creadores de ese clásico moderno que es Predicador vuelven a la carga para demostrar que pueden volver a Frank aún más salvaje y a la serie aún más violenta de lo que estamos acostumbrados.

Ennis sigue con su estilo rápido y contundente: diálogos cortos, caracterización prácticamente nula y una salvajada tras otra, justo lo que mejor le viene al antihéroe por excelencia del Universo Marvel. En el primer número el guionista deshace con sorprendente facilidad todo lo ocurrido en la anterior maxiserie de Punisher, casi sin dar explicaciones a un lector que asiste, entre otras cosas, a una de las resurrecciones más inverosímiles de la historia del cómic (claro que, ¿hay alguna verosímil?). También es destacable, por divertida, la escena en que el pobre Detective Soap, que realmente va de desgracia en desgracia, se emborracha y acaba en la cama con quien no debía. En general, Ennis va más a divertir que a otra cosa, saltándose cosas como la verosimilitud o cualquier regla que pudiéramos considerar inquebrantable de los tebeos “mainstream”. Esto puede ser bueno o malo, habiendo unas veces en que el lector se ríe por lo descabellado de las situaciones en que el guionista pone al personaje principal, y otras en que el mismo lector se echa para atrás y se pregunta: “¿Realmente quieren que me crea eso?”

Dillon sigue con la excepcional capacidad narrativa que siempre le ha caracterizado, siendo su único defecto lo arquetípico de sus personajes, ya que el dibujante parece haber limitado sus figuras humanas a tres o cuatro tipos de los cuales no se mueve. Esto no molesta especialmente, pero viendo los inicios de Dillon en Predicador y lo variado de sus personajes se echa de menos una mayor diferenciación de la que seguro que es capaz. Recibe gran ayuda de parte de su entintador, el experto Jimmy Palmiotti, y de su más que correcto colorista, Chris Sotomayor, sin los cuales el apartado gráfico de la serie bajaría muchos enteros.

Resumiendo, la nueva serie regular de Punisher repugnará a los que no les gustara la maxiserie anterior y encandilará a los que la disfrutaron. Sin embargo, habrá que ver cómo se las maneja el sustituto de Ennis (que abandona la serie tras el primer arco argumental), porque el éxito actual de la colección depende en gran parte del estilo único e irrepetible que este guionista ha infundido en ella.

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