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Columna publicada el 22-05-2008
¿Acaso los altos precios de los alimentos y las protestas en el Tercer Mundo significan que vamos hacia una hambruna mundial? No a corto plazo si se eliminan las leyes sobre biocombustibles. Pero si seguimos quemando maíz, trigo y aceite de palma en nuestros vehículos sufriremos desnutrición, hambrunas, se extinguirán especies de animales y veremos como se multiplican protestas, turbas y revueltas.
El problema es sencillo. La demanda de alimentos es inelástica porque la gente necesita más o menos la misma cantidad de calorías, sean estas baratas o muy caras. Pero la demanda de biocombustibles prácticamente no tiene límite. Cada acre de maíz (0,405 hectáreas) produce apenas 190 litros de combustible y en el mundo se utilizan más de 11 billones de litros de gasolina anualmente.
La producción de biocombustibles podría reemplazar todas las cosechas a lo largo y ancho del mundo sin lograr rebajar el precio de la gasolina, porque se está prohibiendo el uso de carbón y no se está explorando para conseguir más petróleo. Si queremos seguir comiendo, tenemos que renunciar a esa supuesta “seguridad” aportada por los biocombustibles.
Incluso abandonando los biocombustibles, el mundo requerirá para el año 2050 más del doble de alimentos para la gente y los animales. Actualmente, la población mundial es de 6.400 millones y alcanzará un pico de alrededor de 8.000 millones, de los que 7.000 tendrán ingresos suficientes para comprar carne y helados. Tendrán menos hijos pero más perros y gatos, y relativamente pocos serán vegetarianos.
Para conservar los bosques y la fauna salvaje en el siglo XXII, habrá que triplicar las cosechas en las tierras agrícolas actuales, sólo para producir alimentos y nada extra para biocombustibles. Pero los mismos que no quieren que usemos carbón tampoco quieren que desarrollemos cultivos de alto rendimiento. Greenpeace y World Wildlife Fund nos dicen que no utilicemos fertilizantes con nitrógeno obtenido del aire y nos quieren imponer el uso de nitrógeno proveniente de estiércol animal, que reduce a la mitad la productividad de las siembras. Además, sus recetas contra el calentamiento global no son mejores. ¿Por qué debemos reducir el consumo de petróleo cuando la temperatura de la Tierra más bien ha bajado en los últimos 10 años?
© AIPE
Dennis T. Avery es académico senior y director de Asuntos Alimenticios Globales del Hudson Institute.
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