El discurso que originó las quejas fue pronunciado el martes en Alemania en la Universidad de Ratisbona. En él, Benedicto XVI citaba un diálogo entre el emperador Manuel II Paleólogo (1391) con un erudito persa. En él, el emperador le preguntaba al persa que le mostrase algo que el mundo debiese a Mahoma que fuera nuevo y respondía él mismo que sólo encontraría cosas "malas e inhumanas como su orden de difundir usando la espada la fe que predicaba". Con esta cita, el Papa quería explicar por qué difundir la fe con la violencia era algo irracional.
El libanés clérigo chií Mohamed Husein Fadlalah, acusaron a Benedicto XVI de sucumbir a la propaganda de los enemigos del Islam y le instaron a disculparse de modo personal y no a través de los canales del Vaticano.
En Egipto, las palabras del Papa fueron criticadas por numerosos oradores de mezquitas, incluida la de Al Azhar, la más prestigiosa del Islam suní, y en la que centenares de manifestantes pidieron la expulsión de los embajadores del Vaticano en los países islámicos. Los manifestantes, entre los que habían figuras políticas como el diputado y periodista opositor Mustafa Bakeri, llevaron pancartas en las que se podía leer frases como "la Guerra del Vaticano es una continuidad de la Guerra de Bush contra el Islam".
"Queremos que el Papa exprese disculpas a los musulmanes porque ha agredido contra nuestra religión sin ningún motivo", dijo el jefe de la Liga Mundial de Sabios Islámicos, el egipcio Yusef Al Qaradaui, en un comunicado que publicó este viernes en Qatar, donde reside. Este clérigo, con gran prestigio en el mundo musulmán, defendió el hecho de que "el Islam permite la 'Yihad' (guerra santa) para defenderse, y no ha obtenido victoria utilizando la espada sino que ha derrotado las espadas que han sido utilizadas en su contra".
El ministro egipcio de Asuntos Exteriores, Ahmed Abul Gheit, también criticó duramente las palabras del Papa que "pueden obstaculizar los esfuerzos para el acercamiento entre Oriente y Occidente".
Las declaraciones del Papa, condenadas por el Gobierno de Pakistán y las dos Cámaras de su Parlamento, han sido criticadas también por las máximas autoridades religiosas de Siria y Jordania.