Parece ser que igualitarismo y crisis económica no conjugan demasiado bien, a tenor de las últimas decisiones tomadas por Raúl Castro. La estrategia ante una economía que cae en picado, ya fue anunciada en Mayo con el esclarecedor "Ahorro o muerte".
Desde entonces, la población cubana ha soportado las "restricciones al consumo" reflejadas en apagones eléctricos durante más de diez horas y la imposibilidad de conseguir casi ningún tipo de producto.
Pero el "ahorro o muerte" empieza a cobrar tintes más trágicos desde hace un par semanas. Los primeros en caer fueron los llamados "comedores obreros" que más de 3,5 millones de personas empleaban como fuente de sustento, ante las restricciones comerciales del comunismo.
Sin esos comedores, los cubanos se aferraba a las cartillas de racionamiento para conseguir alimentos, como único recurso ante el desabastecimiento de la isla, y los problemas comerciales en los que les sumió la dictadura tras la revolución. Pero ahora, tampoco estas "libretas de alimentos", serán solución, ante los analqueles vacíos.
Tal y como señala el diario El Nuevo Herald, los cubanos acogieron la noticia del rotativo como un hecho consumado y no una posibilidad. Esta suele ser la estrategia habitual del castrismo, anticipar por medio de sus diarios oficiales – los únicos de la isla- aquellas noticias que causarán rechazo de la sociedad.
El artículo no fija un plazo para la suspensión, pero desde el diario Las Américas se señala que se aprobará durante el próximo período de sesiones de la asamblea, a finales de diciembre.
Los efectos serán devastadores, según declara la economista disidente Martha Beatriz Roque a El Nuevo Herald: "Indiscutiblemente la supresión de la libreta creará mayores desequilibrios sociales en el país, pues al menos la cuota le garantiza a la mayoría de la población los primeros 10 días del mes'' afirmó.