Democracia en América

Orbasmos por un plagiario

9 de Junio de 2008 - 04:04:37 - Alberto Acereda

Resulta ensordecedor el griterío de orbasmos u obamaorgasmos lanzados por varios plumillas de turno en torno a la nominación de Barack Obama como candidato Demócrata a la presidencia de Estados Unidos. La permanente baba deslizada por la progresía mediática en torno a Obama se apoya en una mera cuestión racial, resultado de esa culpa blanca tan típica de la corrección política. Cualquiera que haya seguido la trayectoria de este cuarentón Obama sabrá que su nominación se debe bien poco a sus méritos políticos y menos aún a sus logros legislativos. Su encumbramiento es resultado de la urgente necesidad de las izquierdas norteamericanas anidadas en el Partido Demócrata de ver en la Casa Blanca a uno de los suyos, cualquiera que no sea un Republicano, ni tampoco la Clinton.

Porque la coronación de Obama y el consiguiente derrocamiento de Hillary constituye el argumento de la novelesca serie que han dado en llamar "primarias Demócratas", con papeles estelares para la esposa cornuda, la esposa celosa Michelle, los reverendos racistas, Chelsea, Bill, Rezko, Ayers, los delegados, los superdelegados y... el gran Obama de protagonista. Se trataba, en fin, de un argumento que ha acabado con la patada a la saga de los Clinton y la fabricación de un cuento de hadas llamado Barack Obama. Su número total de votos populares ha sido inferior que el de Hillary de haberse contado –como reclaman siempre los Demócratas– todos los votos, los de Florida y Michigan también. Pero no. La Clinton fingió claudicar el sábado a cambio de que la campaña de Obama le pague los veinte millones de dólares adeudados por ella en estos meses y así... ver qué pasa hasta la convención en Denver.

Ni Hillary, ni nosotros, ni nadie que haya seguido cercanamente estas primarias, puede ser ajeno a que el mérito mayor de Obama ha sido el contar con un sagaz equipo de campaña que, además de escribirle pomposos discursos, ha jugado sin escrúpulos la baza étnica. Ante eso, entre la progresía de lo políticamente correcto el triunfo de Obama se celebra con orbasmos sólo equiparables a los elogios a la Mamá Grande del célebre relato de García Márquez. Porque en las últimas décadas, Estados Unidos ha elevado muchas veces ya a otros hombres y mujeres de color a puestos importantes en presidencias de empresas y negocios de primera categoría: desde un Dick Parson en la Time Warner, a un Stanley O´neal en la Merrill Lynch, o un Ken Chenault en American Express... y así hasta puestos en el Tribunal Constitucional (Clarence Thomas) o en carteras importantes en la Casa Blanca (Condoleezza Rice o a Colin Powell...), por citar algunos.

Lo de Obama sería para festejarlo de verdad si su nominación se debiera auténticamente a su carácter y a sus logros, no sólo por razón de su raza. Porque tenía razón Martin Luther King, Jr. cuando hace cuarenta años nos contaba con el corazón y con la verdad que tenía el sueño de que sus cuatro hijos vivieran un día "en una nación donde no se les juzgue por el color de su piel sino por el contenido de su carácter". Bien parece hoy que muchos de quienes elevan a Obama a las alturas están ignorando el carácter real de Obama y sustituyendo eso meramente por la cuestión racial. Justo lo que no pedía Martin Luther King, Jr. De ahí que todos estos orbasmos mediáticos resulten trágicamente hipócritas y artificiales. No es complicado comprobar que Obama no aporta ideas nuevas sino que está utilizando el mismo libreto fallido de la progresía Demócrata en estas últimas décadas: el de McGovern, Carter, Mondale, Gore, Kerry...

Por eso Obama plagia y lo hace de manera descarada, como prueba su último discurso de aceptación de la nominación donde los paralelismos con lo dicho por el Democrata Mario Cuomo en la Convención Nacional Demócrata de 1984 son casi exactos. Casi sonrojan por el parecido y por el descaro de Obama, tal y como hoy damos cuenta en Diario de América al hilo de un interesante vídeo comparativo donde se reproducen algunos ejemplos de esos plagios. Cuomo atacaba a Reagan, ahora Obama ataca a McCain, cambia algunos lugares y algunos detalles,pero suena a más de lo mismo.

Lo de Obama, por tanto, no es nada nuevo. Se trata de la última producción artificial de las izquierdas norteamericanas en su desesperado intento de alcanzar el poder con un libreto tan usado como errado. La novedad radica en haber incluido ahora a un candidato pseudo-mesiánico y protegido por la carta racial en un mundillo de sandez políticamente correcta. Que Obama logre o no la presidencia no se deberá tanto a sus ideas o a su carácter, sino a la actual apatía en la campaña de John McCain, cuyo liderazgo carece todavía del necesario apoyo de los conservadores, hartos ya de tanta derecha acomplejada. En noviembre tendremos la solución. Por nuestra parte, y aunque puede que haya alguna entrada esporádica en estas próximas semanas, nosotros volveremos de nuevo en este blog "Democracia en América" a finales de agosto, ya con el inicio de las convenciones y con todo lo que ocurra hasta noviembre en la elección presidencial. ¡Feliz verano a todos!

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Imágenes de América

7 de Junio de 2008 - 01:35:36 - David Jiménez

Un viaje en coche de casi tres semanas, desde Saint Louis hasta Oakland pasando por Kansas, Colorado, Utah, Nevada, Arizona y luego la costa de California me depara dos imágenes que resumen de un modo algo esperpéntico el devenir de estas primarias.

La primera imagen: la tienda Urban Outfitters de Berkeley, al final de Telegraph Street (calle emblemática de los años sesenta en California) y en el linde del campus de la famosa universidad. En el interior, jeans pre-desgastados y demás ropa hiperurbana, hiperbohemia y por supuesto hipercara. Y un rincón entero dedicado a camisetas, posters y demás parafernalia de Obama. Obama sonriendo, Obama serio, Obama con la mirada puesta en el futuro glorioso de su nueva América, slogans varios desde el “Yes We Can” hasta el “Obama is my homeboy,” Obama pintado en rojo y azul sobre un fondo blanco. Obama, en otras palabras, convertido en un icono pop, en el sucesor de la Marylin de Warhol, en la cristalización de una serie de fantasías patológico-culturales. Obama como el nuevo Che, una efigie que vende no por el significado político sino porque es lo “cool.” ¿Quién necesita ideas cuando se tiene merchandising? En el mostrador también se venden tazas que leen "McCan't" y un muñeco cascanueces de Hillary...

La segunda imagen es el contrapunto de la primera: conduciendo por las anchas llanuras pedregosas de Utah, en medio de la nada más absoluta, en la que no se alza ni un edificio en kilómetros y kilómetros a la redonda y donde si se te acaba la gasolina, o te mueres de hambre o te mata Javier Bardem, en medio de extensiones flanqueadas por peñascos rojos y negros desde los que piensas que te van a emboscar unos indios… de repente, un cartel de Ron Paul. Un cartel de unos cuatro metros de alto, con el nombre del candidato escrito a mano con rotulador negro. “Ron Paul for America 2008.” Y en un segundo queda atrás como otro aspecto encantador y absurdo del paisaje, o de las primarias. Aunque quizás son las primarias las que quedan como algo absurdo y nada encantador. Pero al menos los libertarians saben que siempre les quedará Utah… una variante del “exilio interno”, quizás.

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Los Demócratas escogieron al peor de los tres

4 de Junio de 2008 - 09:16:43 - Pablo Kleinman

Después de varios años de:

- lo que el ex jefe de la Reserva Federal, Alan Greenspan, describiera como “exuberancia irracional” en el mercado inmobiliario-hipotecario, y que finalmente terminó causando estragos en la economía,

- una guerra que, si bien ahora va bien, anduvo mal durante demasiado tiempo y se volvió muy impopular, y

- una coyuntura internacional inflacionaria que está causando mucho malestar entre los consumidores de todo el mundo pero particularmente de los Estados Unidos,

el partido Republicano, en la presidencia desde hace siete años, es blanco de la ira de millones de norteamericanos acostumbrados a que todo vaya  muy bien en su país. Este año, sin duda, vientos de ira soplan a favor de los Demócratas y las elecciones de noviembre auguraban resultados muy buenos para la oposición. Sin embargo, a partir de hoy podemos decir con claridad que lo que era de sencillo pronóstico se ha vuelto incierto e impredecible: los Demócratas acaban de elegir al peor candidato posible para la presidencia.

No es oficial pero de no mediar algo inesperado, como que un rayo le parta en dos, es seguro: Barack Hussein Obama ha obtenido la mayoría de los delegados a la Convención Nacional del partido, lo que le convierte en virtual candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Se trata de un hecho histórico, puesto que es la primera vez que un candidato de origen negro obtiene la nominación a la presidencia. Se trata de un hecho preocupante también, porque la victoria de Obama representa el triunfo del ala más izquierdista del partido, fuera del poder desde comienzos de los años ochenta  y que, habiendo aprendido de los errores de la derrota de Howard Dean frente a John Kerry hace cuatro años, logró su objetivo esta vez al entregarle la nominación a Obama, mediante su respaldo  con fuertes sumas de dinero y una impresionante maquinaria de activistas en varios de los “caucus” estatales . Porque Obama ganó raspando y sin obtener la mayoría de los votos en las urnas (Hillary obtuvo más): lo que decidió su victoria fueron los estados, en su mayoría pequeños, en los que los delegados a la convención no son electos por votación popular sino por los activistas, terreno en el cual organizaciones de extrema izquierda como MoveOn.org cumplieron un rol fundamental.

La extrema izquierda hizo una apuesta segura: un senador joven y apuesto, con muy poca experiencia pero con una labia prodigiosa, que además es considerado el más izquierdista de los cien miembros del Senado de los Estados Unidos (un impresionante logro de por sí, teniendo en cuenta que lo obtuvo en tiempo récord y que en el Senado hay varios sujetos de bastante cuidado). A medida que vamos conociendo la galería de personajes del entorno más íntimo de Obama en Chicago –el Reverendo Wright, el exterrorista Ayers, el padre Pfleger,el mafioso sirio Tony Rezko- nos damos cuenta de que no se trata de un político para nada moderado ni centrista. ¡El perfil del candidato perfecto para la ultraizquierda!

Hillary Clinton, a pesar de la antipatía que genera entre tantos, no hubiera generado tanto temor por su falta de experiencia o por su entorno comprometido. John Edwards, gracias a su populismo, hubiera sido posiblemente el adversario más idóneo para disputar a los Republicanos el voto entre la clase trabajadora en los “estados veleta” del centro del país. Barack Obama, en cambio, es un tipo sin pasado conocido pero sin logros demostrables, cuyo discurso se limita a hablar de un cambio cuyas consecuencias son desconocidas. Los norteamericanos quieren un cambio de rumbo, ¿pero estarán dispuestos a obtenerlo dando un paso categórico hacia el abismo?

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A este Obama lo salva la campana

2 de Junio de 2008 - 03:40:36 - Alberto Acereda

A mediados del pasado marzo, Pablo Kleinman les contaba aquí mismo la posible importancia que las primarias de Puerto Rico tendrían para los Demócratas. Celebradas anoche esas elecciones en la isla, la importancia ha resultado más simbólica que práctica, pero no por ello desechable de cara a lo que pase en el lado Demócrata en estos próximos días. La Clinton ha ganado en Puerto Rico de forma contundente, al derrotar por más del doble de votos a Obama. Aun así, a falta sólo de las dos últimas primarias de este martes, en Montana y Dakota del Sur, las cartas ganadoras las tiene ahora mismo Obama, quien con sólo 50 delegados más alcanzaría ya los necesarios para ser técnicamente el candidato presidencial Demócrata.

La Clinton no parece querer irse y busca todavía convencer, con toda razón, a los superdelegados, por lo que cuanto pueda pasar en estos próximos días está todavía en el aire. Lo que resulta más sintomático, sin embargo, es el lío en el que sigue metido el Partido Demócrata: un caos mucho mayor de lo que las informaciones y despachos de agencias vienen contando. Mientras la Clinton sigue en alza y ha ganado casi todas las primarias desde marzo, Obama está de baja y ha perdido no sólo ya varias elecciones importantes, sino una amplia parte del voto blanco y también del hispano. Si se contase el voto popular, incluidos los votos de Florida y los de Michigan, la Clinton superaría a Obama en voto popular; el número total de delegados estaría así todavía más igualado. Pero al Partido Demócrata, hay que decirlo de una vez, parece convenirle más cambiar las reglas estipuladas y hacer que no todos los votos cuenten igual.

Por eso, y con la manifiesta voluntad de favorecer a Obama (quien se convirtió muy temprano en el candidato estrella de la maquinaria de Howard Dean y Cía), y con el velado deseo de acabar con el poder interno de la saga de los Clinton, el Partido Demócrata, a través de su Comité de Reglamentos, decidió este fin de semana pasado cambiar las reglas de juego en medio de su pachanga electoral. El sábado noche, dicho comité aceptó reconocer las delegaciones de Michigan y Florida en la Convención Nacional Demócrata de agosto, siempre y cuando cada uno de sus 366 delegados tenga únicamente derecho a la mitad de un voto. La decisión, a estas alturas, resulta del todo injusta para la Clinton por lo que su campaña ha protestado y se ha reservado el derecho de impugnar la decisión ante el Comité de Acreditación.

Cierto es que el acuerdo inicial era que ni Florida ni Michigan contaran, en otro de esos malabarismos de los Demócratas. Sin embargo, quienes pierden de verdad son los votantes Demócratas norteamericanos, sobre todo los de Florida y Michigan, que ven cómo sus votos no iban primero a contar, luego sí, y al final sólo la mitad. En fin, todo un circo el que han montado estos que se definen como demócratas. Paradójicamente, estos son los mismos que llevan casi ocho años pataleando sobre la votación de Florida en 2000, lo del recuento Bush-Gore, y los que también en 2004 pedían también recuentos en Ohio alegando que Bush y los Republicanos habían impedido a muchos votantes depositar su voto... En suma, que Obama podrá ganar la candidatura, pero la manera en que lo va a hacer resulta tan dudosa como cuestionable, por no decir ya ilegítima. Tan dudosa será su victoria como su última e hipócrita hazaña de largarse de su iglesia, sí, la misma en la que pasó veinte años sin decir ni mú escuchando insultos y teatrillos racistas; el último, el de Michael Pfleger.

A Puerto Rico hay que agradecer que haya puesto a Obama en su lugar, si no ya en términos que afecten su casi segura nominación, sí al menos en cuanto a la acelerada caída en credibilidad popular ante millones de votantes norteamericanos. A este Obama lo salva la campana porque estas primarias están ya en su semana final. Aunque el martes por la noche, este mágico prodigioso salga con su teleprómpter ante las cámaras para proclamarse ya candidato, la Clinton tendrá todavía argumentos serios para seguir –si lo desea– reclamando su derecho a ser la nominada. O bien, acaso la Clinton piense más en su propio futuro político y mire hacia 2012 o 2016 esperando (y deseando en su interior) que McCain gane las presidenciales de 2008 y ponga en el sitio que merece a este artificio de humo llamado Obama. 

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Obama el póster

31 de Mayo de 2008 - 21:39:28 - David Jiménez

Pablo Kleinman comenta en la entrada anterior la última mentira de Obama, la del tío que estuvo en Auschwitz. Lo que revela es una de las cuestiones más interesantes de este candidato: la forma en que se presenta al electorado, habiendo creado a estas alturas una imagen casi completamente distinta de la realidad de su pasado, su persona, y su candidatura.

Antes que nada, Obama se presenta como otro negro desfavorecido; siempre inicia sus discursos describiéndose como "the child of a single mother" (el hijo de una madre soltera), asociándose con los muchos negros que crecen en zonas pobres y que son víctimas del tan comentado fin de la familia nuclear negra. También se asocia con aquellos que, siendo hijos de madres que tienen dos o incluso tres empleos para poder mantener a sus hijos (dada la ausencia de otro adulto que provea dinero), tienen que apañárselas desde el principio en muchos aspectos. Pero Obama ni creció en una zona pobre (pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en Hawái) ni tuvo que apañárselas solito durante sus años de formación; primero tuvo el apoyo del segundo marido de su madre, y luego el de sus abuelos maternos, que se hicieron cargo de él desde los diez hasta los dieciocho años. Pocos negros desfavorecidos de las zonas verdaderamente pobres de las ciudades norteamericanas tienen este privilegio; menos aún consiguen licenciarse en Columbia y doctorarse en Harvard. Pero de sus años en dos de las instituciones más de élite de Estados Unidos Obama dice más bien poco.

Obama también se presenta esencialmente como un moderado. Su retórica de entender al adversario, de entablar conversaciones con cualquier nación del mundo, de ayudar a la gran mayoría desfavorecida de norteamericanos, le presenta como un hombre benévolo y comprensivo; su metodología se basa en el principio de que no hay que oponerse a algo sino tratar de comprenderlo (muy postmodernista, muy multicultural, muy al gusto de la élite universitaria). Tanto su campaña como sus seguidores han convertido en rutina presentar cualquier ataque contra Obama como producto del extremismo, ya sea nacionalista, religioso, racial, o simplemente maligno y cerrado a la tolerancia. Por eso dañó tanto a la imagen del senador (y más que la hubiera dañado si la prensa no fuera con él) el escándalo de su antiguo pastor, el reverendo Wright, y los discursos incendiarios y cargados de odio que el senador de Illinois escuchó durante veinte años en la iglesia Trinity. Por eso su respuesta fue un largo discurso en que repitió la fórmula del "no hay que oponer sino entender", intentando explicar a los norteamericanos (gratis) la historia del problema racial en Estados Unidos y por qué puede llevar a un negro a decir que el gobierno norteamericano creó el SIDA como forma de controlar a la población negra.

Pero Obama no es un moderado, incluso fuera del tema racial. Sus discursos están cargados de tanto discurso negativo como los de cualquier otro candidato; en su caso, presenta a los ricos como una clase que lleva oprimiendo a América durante generaciones y cuyo férreo control sobre la política americana sólo puede deshacerse votándole a él. El enemigo es la clase alta norteamericana ultraconservadora, hiperrica y supermaligna: contra ella vale todo, como desposeerles de sus recortes de impuestos y redistribuir su riqueza. Pero al presentar a esta clase como una minoría Obama se puede permitir seguir pareciendo un hombre esencialmente benévolo, que trabaja por el bien del 90% de los norteamericanos. Y al pintarla como una minoría esencialmente extremista, puede seguir presentándose como un moderado.

Pero antes que nada, Obama se presenta como un unificador, la figura bajo cuyo póster pueden reunirse jóvenes y adultos, negros y blancos, ricos y pobres, americanos de toda clase y condición. Si las elecciones de 2004 estuvieron saturadas de la retórica de las "dos Américas," la retórica obamita presenta una sola América de hermanos y hermanas que se ha visto dividida por los prejuicios raciales y las injusticias socioeconómicas causadas por largos años de gobierno republicano. Obama es el camino de baldosas amarillas que lleva a una América no solamente post-racial sino también post-económica y post-clasista, una América que por fin sea eso, Una América.

Por una parte es ciertamente loable que los Demócratas hayan abandonado el discurso de las "dos Américas" y que Estados Unidos se reconozca como lo que es, uno de los países con mayor sentido de cohesión nacional e identificación con unos valores comunes del mundo. Pero si hay algo que estas primarias han demostrado es que Obama resulta tan divisivo como cualquier otro político. Ha conseguido sus victorias más abrumadoras en estados con una importante población negra que ha repetido la identificación del "nosotros contra ellos" que tanto ha dañado a la comunidad negra. Ha conseguido alienar a una gran parte de la base histórica del partido Demócrata, los trabajadores de zonas industriales y rurales, que le ven (no sin razón) como un elitista que les desprecia. Y su retórica anti-ricos ha enfadado a tantos "independientes" como ha conseguido atraer.

La imagen, el póster incluso, que ha creado Obama de sí mismo está a punto de conseguirle la nominación de su partido. Resulta por tanto escalofriante que, en unas primarias que se han librado en el terreno de la imagen más que en el de las ideas, los Demócratas se hayan creído el perfil que este candidato ha creado a través de sus bulos y su (por otra parte impresionante) retórica.

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¿Ignorante, fabulador, o las dos cosas?

29 de Mayo de 2008 - 05:31:36 - Pablo Kleinman

Otra semana pasa y va otra semana en que Obama tiene que darle las gracias a la prensa norteamericana, que en su mayoría le adora y que nuevamente ha hecho lo imposible por restarle importancia a su última metedura de pata. No solo dio Obama un discurso para el Día de la Memoria (de los caídos en combate) como si se tratara del Día de los Veteranos de Guerra (que es otro festivo y que tiene lugar dentro de varios meses), sino que refiriéndose a la celebración, contó una historia sobre un tío suyo que como miembro de las FF.AA. estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, participó de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Pero resulta que Obama (1) no tiene ni tuvo ningún tío norteamericano y (2) las tropas norteamericanas jamás estuvieron en Auschwitz, que fue liberado por el ejército soviético.

La campaña de Obama salió luego a corregir lo dicho por su jefe: resulta que no tenía tío pero  tuvo un tío abuelo, hermano de su abuela, la que le crió a y a la que el senador describió como una “típica mujer blanca” y racista. El vocero del senador dijo que el tío abuelo de Obama fue soldado durante la Segunda Guerra y que estuvo en el campo de concentración de Buchenwald. Pero esto tampoco es cierto: el pariente de Obama estuvo en realidad en Ohrdruf, que era un campo de trabajos forzados en Alemania y no un campo de exterminio como Auschwitz o Buchenwald. Además, todo parece indicar que este personaje a quien Obama quiso hacer pasar por familiar cercano, tuvo poco o nada que ver con él. Por cierto, no es la primera vez que Obama habla de Auschwitz: en un discurso en el 2002, afirmó que quienes habían estado allí eran compañeros del ejército de su abuelo (quien tampoco estuvo en el ejército soviético, o sea que también era una torpe mentira).

Lo de Auschwitz es lo último de un número creciente de equivocaciones (o mentiras, dependiendo de cómo se las mire). Porque la colección de falsedades y errores pronunciados por Obama va engordando a medida que pasan los días. Si John McCain hubiera dicho cosas semejantes, la prensa ya habría dicho que tiene Alzheimer y que está gagá. Pocos se atreven, sin embargo, a expresar la realidad, que es que Obama fabula y tiene bastante poco conocimiento sobre cuestiones de política exterior e, inclusive, sobre la historia de su propio país.

Tan solo la semana pasada, Obama dijo en un discurso que Irán y Corea del Norte eran países pequeños que no representaban amenaza alguna para los Estados Unidos. Al día siguiente, se desdijo, afirmando que Irán constituye una grave amenaza. Pero salvo algunos columnistas conservadores, nadie se refirió a esta impresionante contradicción. La semana pasada también, Obama también dijo que hablaría con Hugo Chávez sin precondiciones, pero que cualquiera que apoyara a las FARC (Chávez lo hace abiertamente) debería ser aislado por toda la región. Unos días antes, había afirmado que faltaban traductores de árabe en Afganistán “porque tenemos un número limitado de ellos y están todos en Irak”, cuando en Afganistán no se habla árabe y los traductores al árabe hacen tanta falta allí como los traductores al japonés...

Las “equivocaciones” de Obama son muchas y no sobre temas sin importancia. Quienes afirmamos que este personaje es deshonesto y fraudulento no carecemos de pruebas al respecto, pero una prensa abrumadoramente progre y obamita está empeñada en minimizarlas y justificarlas a como de lugar. Y de impedir que la población en general, y particularmente la gran cantidad de votantes que no sienten un interés especial por la política, se entere. Esperemos que en los próximos meses de campaña, quienes intentan encubrir la falta de preparación y las mentiras del Senador por Illinois no logren su cometido.

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Entre el Día de la Memoria y el recuento de Florida

26 de Mayo de 2008 - 08:41:23 - Alberto Acereda

Las primarias norteamericanas hacen hoy lunes una parada en el camino para celebrar junto a millones de estadounidenses el “Día de la Memoria”. Desde hace más de un siglo, y en torno al 30 de mayo, los norteamericanos conmemoramos el honor de todos aquellos que murieron en defensa de los ideales de la nación más democrática de la tierra. Hablamos de los valores de libertad, justicia e igualdad de derechos para todos. Durante décadas, esos mismos ideales que hoy enarbolamos y celebramos son posibles gracias a la valentía de miles de hombres y mujeres que han servido con impecable honor los principios y valores de una nación como Estados Unidos; un país que, pese a lo que se diga, sigue liderando la libertad en el mundo. Esos ideales de libertad que hoy recordamos han sido puestos en tela de juicio una y otra vez en la historia por fuerzas y tiranías que, contrarias a la libertad, han buscado acabar con la democracia y el estado de derecho. Por eso hoy –otro año más- recordamos aquí a los miles de norteamericanos que han dado sus vidas a lo largo y ancho del planeta para salvaguardar esos mismos ideales y asegurar la libertad para las generaciones futuras.

 

La Guerra Civil de Estados Unidos, en el corazón del siglo XIX, supuso el establecimiento de un país que derramó la sangre de más de seiscientos mil soldados, y todo a fin de perpetuar la libertad sellada en los documentos fundadores de esta joven nación. Ya en el siglo XX, y en la Primera Guerra Mundial, más de cien mil soldados norteamericanos cayeron en combate apostando por la libertad y casi medio millón más dejó su vida por defender a Europa del totalitarismo en los años de la Segunda Guerra Mundial. En la Guerra de Korea, a inicios de los cincuenta, más de treinta y cinco mil soldados estadounidenses perdieron la vida y, a finales de los sesenta e inicios de los setenta, en Vietnam fueron casi sesenta mil los combatientes estadounidenses que perecieron. Si incluyéramos las pérdidas desde los años noventa hasta hoy en Oriente Medio, y que han sido porcentualmente muy inferiores a las de otras guerras, la suma total de norteamericanos que han ido dando su vida por defender la libertad en el mundo y para el mundo alcanza un total cercano a los setecientos mil. Aun así, este lunes de la Memoria, los Obamas y los Clinton de turno aprovecharán la fecha para hacer su campañita y aprovechar la cámara de turno para criticar veladamente las acciones militares norteamericanas de la Administración Bush en Irak. 

 

Pese a todo esto, y pese a ser este día el de la Memoria más honrosa y noble para los caídos por Estados Unidos y por la libertad, la noche de ayer domingo le sirvió al canal privado estadounidense “HBO” –otro más de la progresía en estos lares- para meter con calzador y ostentosa publicidad el estreno de su película “Recount”. Con Kevin Spacey de protagonista y con el mismo sectarismo típico de Hollywood, “Recount” ha llegado a las televisiones de las familias norteamericanas para recordar el famoso recuento de votos en Florida en aquellas presidenciales de noviembre de 2000. Como era de esperar, se ha tratado de una producción con marcado sesgo a favor de Al Gore y en contra de George W. Bush y su equipo legal. No podía ser de otro modo en estos paraísos mediáticos de la progresía como HBO cuya memoria es otra.

Aparte de lo paradójico que resulta estrenar esta película "Recount" en la noche previa al “Día de la Memoria”, la cosa tiene guasa: porque nada parece más contradictorio que salir a recordar ahora a los norteamericanos esos votos de Florida del año 2000 cuando es precisamente en estos mismos días de primarias Demócratas cuando la propia campaña de Obama y el mismo Comité Nacional Demócrata de Howard Dean se niegan a que se cuenten los cientos de miles de votos de las primarias de los estado sde Florida y de Michigan que fueron para Hillary hace unas semanas y en este mismo 2008. Y es que con Gore al fondo, con Obama ladrando o con la Clinton metiendo la pata recordando el asesinato de RFK, sólo faltaba que la noche del domingo previa al Día de la Memoria, el canal HBO saliera a la pantalla para intentar hacer más labores de campaña y de acoso y derribo contra los Republicanos...

Porque más allá de la significativa anécdota de estos zafios del bando Demócrata y de sus amiguetes televisivos, lo que hoy no debemos olvidar es el verdadero significado de este Día de la Memoria: de la memoria de cientos de miles de soldados norteamericanos muertos por defender la libertad; no de la memoria de Florida, ni del intento permanente de las izquierdas de reescribir la historia a su modo y manera.

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Obama se equivoca y huye hacia adelante

24 de Mayo de 2008 - 09:40:26 - Pablo Kleinman

En los últimos diez días, a pesar de que Hillary Clinton ganó por goleada en las primarias de Virginia Oeste y Kentucky, la mayoría de los medios (y de la clase política) norteamericanos se han plegado a la narrativa de que el candidato Demócrata será sin duda Barack Obama. Esto se debe principalmente a que éste ya obtuvo la mayor parte de los delegados electos, siempre y cuando no se cuenten las votaciones de Michigan y Florida. Falta todavía Puerto Rico y otros dos estados pequeños y es probable que Hillary Clinton termine con más votos, pero Obama tiene la nominación prácticamente asegurada al contar con más delegados (y con la mayoría de la prensa a su favor).

Mientras que Clinton se niega a conceder o a retirarse de la contienda, la campaña de Obama busca oportunidades para apartarle del candelero, presentando a su precandidato como candidato de hecho a través de visitas a estados en los cuales ya se ha votado en las primarias, o buscando enfrentamientos verbales frente al candidato Republicano, John McCain, como si él fuera su rival a esta altura del partido y no ya la Clinton.

Un discurso del presidente George W. Bush frente al Knéset en Israel con motivo del 60 aniversario de la independencia israelí la semana pasada, en el que se refirió al apaciguamiento, fue utilizado por Obama para crear una disputa con el presidente actual, para intentar vincular a McCain con la impopular administración Bush, y para así mostrarse como el candidato Demócrata nominado. Pero como explica  Alberto Acereda hoy en Diario de América, si bien Bush hablaba del apaciguamiento hace más de medio siglo y hoy, y en ningún momento mencionó a Obama, éste se dio por aludido por su propia cuenta y atacó al presidente.

Y lo que sucede es que lo que hoy algunos ya llaman la «Doctrina Obama», sostiene que es erróneo no dialogar con cuanto dictador y enemigo de los Estados Unidos quiera dialogar, aunque se trate de jefes de estados que financien y promuvan el terrorismo, como es el caso de Irán, Corea del Norte, Cuba y Venezuela.  Con total ignorancia de la historia y al mejor estilo Carter, Obama propone reinventar la rueda y dar legitimidad a quienes anuncian que quieren dialogar, aunque bien se sabe que el que anuncia que quiere hablar, solamente quiere hablar y no negociar seriamente.

Según contaba esta semana el experto iraní Amir Taheri en el New York Post, Obama es responsable ya de la reciente debilidad de los reformistas iraníes, que culpan a su gobierno del aislamiento (y consiguientes y crecientes dificultades) que afronta su país. Obama, al sugerir que estaría dispuesto a dialogar sin concesiones previas (y romper el aislamiento), le quitó fuerza a la oposición.

Pero lo peor de todo esto es que esta supuesta “doctrina” no es producto de largas horas de estudio y análisis, de consultar con expertos, ni de una estrategia seriamente planificada. No.  ¡La «Doctrina Obama» es tan solo el resultado de una metedura de pata dada por Obama en uno de los primeros debates presidenciales Demócratas!

Charles Krauthammer lo explica brillantemente en The Washington Post (en inglés) y en Diario de América (en español), recordándonos la escena en que Obama, al recibir una pregunta de un ciudadano privado a través de YouTube acerca de si se reuniría sin precondiciones con Mahmud Ahmadineyad, Bashar al-Assad, Hugo Chávez, Kim Jong Il o los hermanos Castro, respondió, tocando de oído y de manera arrogante y estúpida, que sí y afirmó luego que  el rechazo de la administración Bush a hacerlo no solamente es "ridículo" sino "un despropósito". Fue tan contundente y locuaz que, lamentablemente, no parece haber vuelta atrás para Obama, que a medida que avanza la campaña demuestra más y más lo poco preparado que está para el cargo al que aspira ocupar.

Kimberly Strassel, del  Consejo Editorial del Wall Street Journal, sostuvo ayer
que Obama “ha aprendido mucho últimamente" pero que aún le queda mucho por aprender. Pero una cosa es hacer campaña y otra es ser presidente, y el presunto candidato Demócrata definitivamente no está preparado para gobernar a la primera potencia mundial hoy ni lo estará en enero cuando le toque asumir al ganador de las elecciones de noviembre.


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La democracia kafkiana

21 de Mayo de 2008 - 04:46:18 - David Jiménez

Regresamos al tema de las primarias en Estados Unidos porque están resultando ser buenos ejemplos de algunas de las paradojas que presentan no sólo el sistema de primarias sino el sistema democrático en general. Esta noche se celebran primarias en los estados de Oregon y Kentucky, y a pesar de que Hillary lleva una gran ventaja en este estado y puede incluso vencer en aquél, sólo un milagro evitará que Obama se lleve la nominación de su partido. Se produce por tanto el espectáculo casi kafkiano de varios millones de votantes que acuden a las urnas, de cientos de periodistas y analistas que cubrirán el proceso durante más de seis horas, de los especiales en CNN y Fox y MSNBC, de los titulares de mañana del New York Times y el Washington Post y el Wall Street Journal... todo para unas elecciones que no parecen tener ninguna importancia. Ya vimos lo que sucedió hace una semana con las primarias de West Virginia; al día siguiente de que Hillary venciera por el margen más amplio de todo el proceso de las primarias, salieron John Stewart y los paripés del Daily Show presentando a los votantes de aquel estado como unos racistas furibundos. Gran parte de los medios progres siguieron el ejemplo y pintaron la victoria de Hillary como una victoria del racismo de los habitantes de zonas rurales. Claro, tan amargados ellos, ¿cómo no iban a identificarse con alguien que lleva toda su vida preparándose para ser presidenta y que ve al final cómo le derrota un don nadie fotogénico?

 Todo esto se enmarca en un proceso que empezó más o menos en las primarias de Ohio y Texas, cuando la victoria de Hillary en dos de los estados más poblados de Estados Unidos (y con mayor número de votos en el colegio electoral) se presentó no tanto como un golpe importante sino como un ligerísimo contratiempo en la marcha triunfal del bebé mesiánico de Illinois hasta la Casa Blanca. Fue allí que se marcó una pauta que se ha venido siguiendo a rajatabla: si gana Obama, es señal de que está arrasando a Hillary; si gana la Clinton, es señal de que en Estados Unidos siguen existiendo zonas racistas y atrasadas, que sin embargo no lograrán detener el cambio milagroso que se avecina.

Los votantes de Kentucky y Oregon que acuden a las urnas se encuentran en la misma paradoja en que se ve toda persona que ejerce su derecho al voto: la paradoja de que un solo voto no puede cambiar el signo de unas elecciones. Pero su situación se vuelve aún más esperpéntica cuando las elecciones mismas no importan: su resultado ya ha sido precedido por estudios y encuestas, sus consecuencias determinadas por periodistas y expertos como un nimio ejercicio político, un referéndum inconsecuente, una forma de llenar los informativos de las siete.

En todo esto, el papel de los superdelegados ha sido bastante interesante. Al principio estaban dedicados a la Clinton, dispuestos a darle todo el respaldo que necesitara para llegar a la Casa Blanca. Entonces Obama encadenó nueve victorias seguidas y sus partidarios salieron en todas las cadenas de television advirtiendo de las graves consecuencias que tendría que los altos dignatarios del partido no escucharan la voz de la calle. Y tanto les acomplejó a los superdelegados que les acusaran de elitistas y autoritarios, tanto les dolió a los antiguos alumnos de las Ivy Leagues que les dijeran que estaban desoyendo la "voz popular," que han acabado volcándose a favor de Obama. Tanto, que han silenciado a la voz popular del otro lado, la que les ha demostrado en Texas, en Ohio, en Pennsylvania, en Indiana, en West Virginia y quizás en Kentucky que Hillary podría ser mejor candidata para las generales. Todo esto resulta particularmente irónico ya que los superdelegados están donde están para asegurarse de que el partido Demócrata elija al mejor candidato posible y no solamente al que mejor resultado obtenga en las primarias. Pero todo esto es ya cosa del pasado: ahora sólo queda la inevitabilidad de Obama, y la inevitabilidad de la victoria del talante y el cambio generacional o la victoria del racismo y el inmovilismo de... pues de Kentucky, por ejemplo.

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Conservadores y liberales en el punto de mira

19 de Mayo de 2008 - 06:13:45 - Alberto Acereda

Las primarias norteamericanas apuntan ya a una casi segura lucha final para la presidencia entre McCain y Obama. El martes tampoco se aclararán del todo las cosas, pero vamos llegando ya al final. Entretanto, vale señalar que desde hace algún tiempo, y mirando el pulso político electoral en Estados Unidos y en España, uno tiene la impresión de que se está intentado silenciar a la base social y electoral que defiende de verdad la libertad: la conservadora, en Estados Unidos, y la liberal en España. La una, como parte importante del Partido Republicano; la otra, como uno de los sectores del Partido Popular.

Todo esto ocurre porque, en el fondo, el ideario liberal-conservador resulta ser una amenaza para quienes creen poco o nada en la libertad, o para quienes prefieren vivir de la política barata. Un gran liberal como Friedrich A. Hayek reconocía a la hora de escribir Los fundamentos de la libertad que, efectivamente, los defensores de la libertad no tenemos prácticamente más alternativa, en el terreno político, que apoyar a los llamados partidos conservadores. La posición que Hayek defendió a lo largo de su ejemplar y recomendable obra puede calificarse de conservadora, pese a que –como el mismo Hayek reconocía- tal etiqueta se correspondía a la definición “conservadora” norteamericana, distinta de aquella idea a la que tradicionalmente correspondía la denominación “conservadora” en Europa. Esta importante cuestión conceptual y geográfica es ahora la que, entrado ya el siglo XXI, debemos reconocer quienes defendemos la libertad por encima de todo, nos llamemos liberales o conservadores.

 

Ese ir y venir en la España de hoy con disputas entre las etiquetas “liberal” y “conservador”, afirmando una y negando la otra, o al revés, es un debate estéril dada la actual situación política. Aun así, lo presenciamos muy a menudo entre personas honestas y sensatas. Todo esto sorprende sobremanera porque, en el fondo, tanto los liberales –en terminología española- como los conservadores –en terminología norteamericana- formamos parte de un parecido tronco ideológico. Cuando quien esto escribe se define desde Estados Unidos como “conservador” lo hace porque –como también vio agudamente Hayek- no existe en la historia de Estados Unidos nada que se asemeje en puridad a esa actual oposición europea (y española) en terminología que opone a “liberales” y “conservadores”. Lo que en el ámbito europeo –y español- se denominó “liberalismo” en su sentido clásico es justamente lo que constituyó la semilla sobre la que floreció la vida política norteamericana. Pero no se olvide que la progresía radical y los socialistas norteamericanos son los que comenzaron a atribuirse el apelativo de liberales (“liberals”). De ahí la confusión.
  

En consecuencia, está bien participar en la batalla de las ideas pero a los liberales que en España andan atacando con cierta saña el ideario “conservador” norteamericano (y de paso atacan lo conservador español) o a quienes nos califican –por ser conservadores- de especie de carcas, autoritarios, intransigentes en lo religioso y otras patrañas, no les vendría mal  acercarse verdaderamente a lo qué consiste aquí el conservadurismo y también a algunos nombres de la nada repudiable tradición conservadora española. Hayek mismo mencionaba con admiración a Donoso Cortés, por ejemplo. Fue también Hayek mismo quien dejó ya expresamente escrito su desencanto con la palabra “liberal” en Europa y reconoció cómo el liberalismo europeo de tipo racionalista, lejos de propagar la filosofía realmente liberal fue allanando los caminos al socialismo y facilitando su implantación. Vale la pena no olvidarlo, sobre todo porque cuando Hayek explica sus razones para no ser conservador, se refiere al término en la acepción europea, no en la norteamericana.

 

Si tenemos esto en cuenta, si aceptamos ciertas diferencias pero también un compartido amor a la libertad entre conservadores y liberales, entenderemos el error de quienes confunden dónde radica el enemigo. Desde luego, no está dicho enemigo en el conservadurismo, ni tampoco entre figuras concretas de ese conservadurismo, aunque -como todos- puedan equivocarse en ciertas afirmaciones. Para comprobarlo, bien harían nuestros amigos liberales españoles en comparar lo que dicen Hayek y otros grandes liberales clásicos con lo que a lo largo de la historia han dicho también figuras claves del conservadurismo: desde los Locke, Tocqueville, Burke o Lord Acton de ayer hasta los posteriores Goldwater, Kirk, Buckley, Reagan o Gingrich. Al contrastar esas lecturas, y al aceptar algunas diferencias y analogías, vale la pena unir fuerzas en una verdadera coalición transatlántica donde conservadores y liberales (incluidos también los libertarios) nos demos la mano en defensa de la verdadera libertad.

Cuando eso no se hace, las bases electorales y los grupos humanos de ideas se resquebrajan. Ocurre entonces que los partidos políticos son secuestrados por políticos de carrera y funcionarios de alfombra y de turno. En el Partido Republicano, se han venido traicionando desde hace ya algún tiempo los valores conservadores y, ahora mismo, su candidato presidencial está intentado silenciar a la base conservadora. El error habrá de pagarse tarde o temprano. En el Partido Popular, a liberales y a conservadores, se les ha invitado expresamente a que se vayan del partido, en otro error que sólo favorece a la progresía más antiliberal. Es ahí justamente donde liberales y conservadores debemos buscar un mayor acercamiento y no una separación. La pelea no es, ni debe ser, entre nosotros.

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