Este viernes se ha consumado la política de limpieza étnica periodística inaugurada con la etapa de la directora general socialista Carmen Caffarel, bajo la égida del buen rollito y del talante dialogante. La fumigación de periodistas no adictos al régimen Zapatero comenzó con la excusa de evitar cualquier opinión no socialista que pudiera contaminar un resultado favorable al PSOE en las elecciones europeas y ha culminado con la expulsión fulminante de todos los colaboradores, presentador incluido, del último reducto de entrevista no controlada directamente desde el poder que constituyen Los Desayunos de Televisión Española.
Al igual que ocurriera con las tertulias de Radio Nacional, debido a que el Ente anda embarullado en el macartismo socialista de todo lo que huela a antes del 14 de marzo, los nuevos directivos de zapatos de suela de plataforma de tres centímetros y jerseys estudiadamente raídos y con bolas, los camisetas negras con mando en plaza no se han dignado en comunicar a los periodistas represaliados sus verdaderas intenciones, no vaya a ser que nadie les llame censor o sectario. Tras múltiples peticiones de definición sobre el futuro del espacio –incluso a la directora general que considera la limpieza étnica legitimada por las urnas salidas tras el mayor baño de sangre terrorista de la historia de España– el día anterior a finalizar la temporada el actual presentador y director del programa, Luis Mariñas por fin obtuvo respuesta del director de informativos de la cadena pública: todos a la calle.